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Lunes, 12 de octubre de 2026
viernes 10 junio, 2011 a las 4:52 pm
SUEÑO POR UN CAMPO DE FRESAS

 

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Los campos de fresas no son solo adorno de cines o videos de propaganda. Esta fruta roja de carne blanda y blanca es delicia y sugerencia de abundancia y frescura. Las fresas se recuestan en el suelo o el aire sobre las almohadas verdes de sus hojas y sobre su erizada piel recibe del rocío placidez y aspecto apetitoso. Qué sabrosura sentir en la boca la delicada pulpa de la fresa, la suavidad de su sabor y ver por los campos de sabanas y tierras frías de Colombia su cultivo ya sea en tierra o en hidropónicos colgantes.

Este es un deseo de colombiano y de escritor. De poeta y hombre maduro. De un ser que ha vivido de cerca la pobreza, que nació en Guachetá, un pueblo escondido y vapuleado por el invierno y el olvido y que nació de padres campesinos y de maestros de escuela. De un soñador que no ha cargado nunca una aguja ni un arma en su cintura. De un viajero que observa despierto desde el bus, los paisajes nariñenses, caucanos, boyacenses, vallecaucanos o huilenses por siete u ocho horas.

Hoy la boca me amaneció sabiendo a fresa, no obstante las malas noticias que corren por telenovelas, libros de novelas, radionoticieros y TV. Que hace poco solo había Farc y Eln, que después surgieron las Convivir y con ellas nacieron los paras, que ahora aparecieron las Bacrim, las pandillas en las comunas, las chuzadas, los desplazamientos forzosos, los falsos positivos, los carruseles de corrupción en casi todos los estamentos del Estado. Como Ingeominas, las Car, Emgesa en Neiva. ¿A dónde más llegaremos con tanto militarismo y tanta promesa no cumplida para mejorar las condiciones sociales del pueblo?

Sí. Sueño por campos de fresa, por tractores y vivienda dignas para campesinos, por la recuperación de tierras a quienes se las quitaron con artimañas. Sueño con campos de arroz, de trigo, de papa, de hortalizas, de soya, de fríjol, de frutas para llenar los fértiles llanos, las sabanas y vegas en Cundinamarca, Valle, Santander, Sucre, Urabá. Sueño en que el TLC no vaya a ser un instrumento de enriquecimiento para exportadores ricos y se abandone de nuevo al campesino y a la mano de obra colombiana en manos de los nuevos empresarios foráneos y cooperativas de trabajo.

Sé que soñar es cosa de poetas y de pobres ilusos. Sé que para el pobre aquí no hay plata ni hay justicia. Por eso escribo. Esa es mi labor como escritor. Dar un poco de mi tiempo para mostrar, para elevar la voz por tanta gente que no lo puede. No podemos dar descanso a abrir los ojos ante la injusticia y la desidia de los gobernantes y el olvido de los promeseros de oficio.

“Dedíquese al arte”, me dijo alguien para alejarme de cantar y gritar la realidad. Claro que para muchos es mejor crear un mundo ficticio o decir que las cosas como van, van bien. Pero eso es fácil. Aunque me pensioné, soy un educador, un soñador y un tábano que pica al toro donde duele. Como Sócrates, aunque él no escribió.

Sueño en un campo de fresas, en una Colombia agrícola, con ríos, con selvas vírgenes, con flores, con mariposas, con riqueza de paisajes sin devastaciones, con mar limpio y sin máquinas asesinas en San Andrés.

07-07-11 – 5:17 p.m.
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