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jueves 22 agosto, 2013 a las 2:02 pm

Partidos y crisis

partidos politicos
Carlos E. Cañar
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
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El nacimiento de los partidos políticos está relacionado con la participación popular en los asuntos públicos. Los regímenes políticos parlamentarios los consolidan como pilares básicos de las democracias modernas. El Gobierno aquí se hace responsable ante el electorado de una nación.

Partidos políticos que se respeten deben estar dotados de una fundamentación filosófica y de unos ejes programáticos que hagan atractiva la actividad política; capaz de persuadir a los ciudadanos para que escojan las mejores opciones dentro de alguna serie de posibilidades. Para ello se hace necesaria la educación polìtica de los ciudadanos como una de las principales tareas de los partidos. Hacer interesantes unos programas que fundamentados en una doctrina política encarnen los valores que exigen constituir la futura sociedad. La nueva sociedad, desde luego, debe resultar del estudio y análisis de problemas que den lugar a unos consensos que permitan a los partidos y a la misma sociedad un grado respetable de legitimidad.

El imaginario de la gente no sólo está esperanzado en la política sino fundamentalmente en lo político; la política se ubica en el plano de las decisiones y acciones y lo político se traduce en los efectos del poder y en el papel que desempeña la sociedad civil. En una democracia verdaderamente participativa los impactos de la actividad política deben traducirse en bienestar económico y en cohesión social.

En Colombia no han existido unos verdaderos partidos polìticos, lo cual explica en cierta medida la imposibilidad de instaurar una democracia moderna. Lejos de ser los reales intermediarios entre la sociedad civil y el Estado, los partidos se han caracterizado más como maquinarias electoreras que por asimilar las demandas sociales para que sean convertidas en políticas públicas en bien de la sociedad que dicen representar.

Históricamente la lucha partidista entre liberales y conservadores y el reparto bipartidista del poder después del Frente Nacional degradó nuestra “democracia”. Primero la guerra a muerte entre los partidos tradicionales y después un régimen de exclusión con respecto a otros partidos o movimientos con opciones de poder, lo que ha contribuido a que la vida republicana no haya estado exenta de violencia. Al extinguirse los partidos tradicionales como lo estamos observando en la actualidad, el pluralismo partidista podría dar respuesta a las múltiples aspiraciones de una sociedad que se decida a apoyar unos programas de gestión. Pero la verdad es que no. En la medida en que se desdibujan y desaparecen los partidos tradicionales, proliferan otros partidos y movimientos pero poco cohesionan y mucho menos llenan todas las expectativas de un país que pide a gritos cambios estructurales.

Los partidos políticos tienen la libertad de respaldar o no a un gobierno determinado, de hacer la oposición democrática cuando consideren que el Ejecutivo no llena las expectativas esperadas. Sin embargo, en Colombia muy tímidamente se ve la oposición democrática y mas bien pensamos que no existe oposición. Sin oposición queda deslegitimado el régimen y sistema político y se niega la democracia, puesto que el partido que gobierna o quien gobierna podría terminar con poderes omnímodos.

Los partidos tradicionales si es que de verdad quieren recomponerse, deben centrarse en las prioridades del país; hacer dejación de prácticas clientelistas y politiqueras al tiempo que renuevan o depuran sus dirigencias. No más temas insustanciales y discusiones bizantinas. Se requieren dirigentes que no actúen a espaldas del país. Hay excepciones, pero hay crisis de dirigencia en los partidos.

Los nuevos partidos y movimientos políticos si en realidad están pensando en serio en convertirse en opciones de poder, deben caracterizarse por la coherencia, pues en situaciones desconciertan y desencantan.

En la coyuntura política actual, el liberalismo tiene la oportunidad de convertirse nuevamente en alternativa de poder. A pesar de sus errores, el liberalismo ha estado históricamente en los procesos de modernización y de modernidad en Colombia y ello ya es significativo. Se avecina una contienda electoral y es la oportunidad de que cada partido demuestre  sus fuerzas.

La fortificación de los partidos se hace cada vez más necesaria; la legitimidad de los mismos se da en la medida en que llenen las expectativas del electorado y de la misma sociedad. La madurez política de una democracia se mide en la capacidad que tienen los partidos de dar respuesta o solución a las difíciles problemáticas sociales.

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