METRÓPOLIS 1927


Imagine usted una película futurista realizada en 1927, con la fuerza del drama en todo su apogeo; de visión apocalíptica, eminentemente simbólica, expresiva. Dos horas y media en este filme magistralmente restaurado para el cinéfilo de hoy asombran con una realización de fuerza contundente. Sólo cierto poder especial hace que un drama penetre la conciencia del espectador y lo convierta en partícipe de la obra de arte. Fritz Lang, director, logra esta proeza por mediación de la imagen y un drama que espera la catarsis final del bien sobre el mal, lo cual acontece después de larga, ardua lucha.
La fuerza del cine mudo radica, creo, en cierto histrionismo que reemplaza la ausencia del diálogo parlante; se exageran inteligentemente la escenografía y el papel del actor, para transmitir la fuerza y emoción del momento; luz y la sombra que definen una historia, la delicadeza, rudeza, lirismo o tragedia del asunto. El actor entrega toda su alma en una representación que acentúa la teatralidad de la realidad. El fingimiento convence de tal modo, que termina venciendo con fascinación: entrega total del espectador a un ámbito de emociones, pálpito transferible por el contagio de la representación.
Metrópolis 1927 es un ámbito de problemática social, política, religiosa, espiritual; la mecanización de un mundo a costa de la esclavitud de los trabajadores, la polarización entre los hijos del obrero-esclavo y los hijos del amo del mundo; en tanto, cierta conciencia redentora se esfuerza por revelar su luz, que obviamente entra en terrible conflicto con las fuerzas del mal. Y sólo la mediación entre la cabeza y las manos, entre el mando y el trabajo, la puede realizar el corazón. Esta es la lección, la moraleja final de este superdrama obsesivo, donde la ciencia ficción protagoniza la sugestiva y problemática metáfora de la película.
Si usted desea ver este magistral filme alemán, ambientado con música compuesta por Gottfried Huppertz, pulse en el enlace de abajo.




