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Más caucano que colombiano

departamento cauca
Por: Santiago Zambrano Simmonds
[email protected]

Históricamente si algo caracterizó a los caucanos fue su batalla por la autonomía regional en contra del centralismo. Entre muchos ejemplos recordemos a Camilo Torres y la federalización del país; la Constitución de Rionegro y la autonomía de las regiones; la Guerra de los Mil Días y las luchas de valerosos líderes caucanos que junto con los de otras regiones, estuvieron en contra de la constitución del 86 la cual de un plumazo había acabado con los derechos civiles adquiridos por las minorías y convirtiendo al país a un centralismo sofocante que aún hoy existe y que hizo de Bogotá una ciudad prospera diametralmente opuesta al resto del país.

Perdimos la guerra, perdió el país, y el Cauca, el líder de la revueltas, el que más. Y cuando se pierden las guerras las consecuencias son devastadoras. Por eso a principios del siglo pasado lo primero que hizo Colombia para amilanarnos fue dividirnos y aislar a Popayán de sus medios ancestralmente productivos; cortar la comunicación con gobiernos extranjeros de vanguardia social y reprimir violentamente a sus líderes.

Y desde ese entonces cada vez que el Cauca trata de sacar la cabeza, Bogotá se la pisa independientemente de quien gobierne, no sé si es por esa manía de nosotros los caucanos de no sentirnos inferiores o simplemente porque desnudamos un modelo que nunca fue bueno y que sin duda atenuó el crecimiento del crisol cultural colombiano. Me explico:

Después de la guerra y a pesar del éxodo, los caucanos que se quedaron junto con la llegada de otras familias siguieron luchando y tan solo cincuenta años después, el Cauca se perfilaba nuevamente como un departamento con gran proyección económica y produciendo personas que descollaban en las ciencias, la estética y la política. Sólo para citar algunos nombres vale la pena mencionar a hombres algunos nacidos y otros formados aquí, de la talla del presidente Valencia, de Francisco José Chaux y de Manuel Cepeda que representaban todos los matices del pensamiento pero que tenían como denominador común, el temple y la honradez.

En el sector agropecuario éramos el departamento con mayor proyección nacional teníamos la red de frio de leche mejor consolidada del país, llegamos a exportar carne directamente al Perú, en el sector de bienes y servicios teníamos una empresa de energía con gran proyección y en el sector financiero el banco de vanguardia tecnológica.

¿Pero que hizo Bogotá?, cogió al Cauca de laboratorio. Una reforma agraria mal planeada que no dejó contento a nadie, estigmatizar al Cauca como zona de guerra para que aquí se celebraran los procesos de paz, quitarnos el segundo banco más antiguo del país, el ferrocarril, fomentar las fracturas étnicas y finalmente regalar la empresa de energía.

No tengo duda que si este país fuera federalista o fuéramos independientes, con seguridad no hubiésemos sido tan estúpidos como para no considerar el sector agropecuario un asunto de seguridad nacional; no hubiésemos sido tan tontos como para permitir la explotación de la minería de una manera tan irracional y sin capacidad de fiscalizar; tan imbéciles como para entregar Cedelca; tan ignorantes como para no ver que es la educación el mayor igualador social; habríamos resuelto la tenencia de la tierra y con toda seguridad el narcotráfico no sería nuestro problema.

La situación actual del Cauca es similar a la de principios del siglo XX pero con los agravantes que es en nuestro territorio donde Colombia quiso se reflejaran sus inmundicias y que aquí se llevara a cabo una guerra que nosotros no propiciamos; y para rematar, por primera vez en la historia tenemos una clase dirigente totalmente capitalinizada.

Es probable que en el futuro algún historiador del Cauca dirá de esta última época lo siguiente: “Se trata de aquel periodo donde falsos líderes en nombre de falsos valores de la modernidad aprovecharon indebidamente los recursos públicos y privados en su propio beneficio, además de hacer tabla rasa de todas sus obligaciones y responsabilidades”1

A pesar de todo, el futuro es nuestro, solo nos falta reconciliarnos entre nosotros y en la caucanidad.

En memoria de los extraordinarios caucanos anónimos del siglo XX

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