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Sábado, 10 de octubre de 2026

Los noticieros no sirven para informarnos

Los noticieros no sirven para informarnos

Los noticieros no sirven para informarnos
Diana Uribe desnuda la manipulación mediática y la urgencia de pensar críticamente

Alfonso Luna Geller

En un mundo saturado de información, paradójicamente, la desinformación se ha convertido en una de las amenazas más insidiosas para la democracia y la comprensión humana.

Lo que se presenta como noticia, lo que nos dan a consumir como “información verificada”, se parece cada vez más a un menú diseñado para condicionar opiniones, anestesiar la conciencia crítica y volvernos funcionales a los intereses del poder económico y político que controla las grandes plataformas mediáticas del país.

Es un fenómeno del que pocos quieren hablar abiertamente. Sin embargo, ahí está: evidente, repetido, sistemático. Lo denuncian las audiencias independientes, lo padecen los territorios que nunca aparecen en los titulares y lo confirma, con lucidez, la historiadora y filósofa Diana Uribe, en una entrevista reveladora concedida al Platzi Podcast («Diana Uribe cree que así será el futuro», disponible en https://www.youtube.com/watch?v=0BzwgxJ57pw), donde disecciona los mecanismos de manipulación mediática que hoy moldean, distorsionan y simplifican nuestra visión del mundo.

Con su carisma y su excepcional capacidad narrativa, demuestra cómo los noticieros tradicionales y los grandes medios de comunicación lejos de informar, cumplen una tarea de adoctrinamiento constante, buscando el sometimiento humano a una ideología única.

El bucle del algoritmo y la pérdida de perspectiva

Diana Uribe nos confronta con una realidad digital: el algoritmo. «Si tú solamente vives en el algoritmo y solamente te tratas con las personas que piensan como tú, pierdes la capacidad de entender puntos de vista distintos», afirma. Este bucle, esta burbuja de confirmación, nos vuelve intolerantes y nos priva de la riqueza de la diversidad de pensamiento. La era del «mayor acceso a la información» es también la del «mayor acceso a la desinformación», una paradoja que nos obliga a ser más vigilantes que nunca.

Están educando para no pensar

«Me están haciendo Gaslight[i]«, decía Diana, al intentar ver imágenes que, según los presentadores de los noticieros, mostraban algo que ella simplemente no percibía. Nos repiten lo que debemos sentir, lo que debemos creer, lo que debemos temer. Nos sumergen en bucles de algoritmo, encerrándonos en burbujas ideológicas donde solo vemos lo que reafirma nuestras creencias. Lo que no encaja, simplemente desaparece. Y así, el ciudadano ya no escucha, no indaga, no compara: repite lo que oye en el noticiero.

Pero lo más grave, lo más preocupante, no es solo la manipulación. Es el hecho de que ya ni siquiera se percibe como tal. Hemos aprendido a normalizarla. Hemos dejado de preguntarnos por el origen de la información, por los intereses detrás del micrófono o el lente de la cámara. Y mientras tanto, en nombre del “periodismo profesional”, se censura a los verdaderos periodistas: los que incomodan, los que documentan en el terreno, los que arriesgan sus vidas para contar lo que otros prefieren callar.

La historia como antídoto contra el «Gaslight» mediático

Diana Uribe no solo denuncia esta distorsión mediática, también propone un antídoto: la historia, la empatía, el pensamiento crítico, la diversidad cultural. Entender los procesos, las raíces de los conflictos, la multiplicidad de voces. Mirar al otro como ser humano, no como etiqueta. Porque no se puede construir una democracia sólida sobre la base de la ignorancia inducida.

En Colombia, los medios que concentran el poder económico y político— Caracol, La W, RCN, Blu Radio, La FM, El Colombiano, El Tiempo, El Espectador, Semana… etc.—no están al servicio de la verdad. Están al servicio de intereses. Por eso, la desinformación no es un accidente; es una estrategia. Y lo primero que se censura, como en toda guerra, es el periodismo independiente.

Empatía y pensamiento crítico: las armas contra la desinformación moderna

Para Diana Uribe, la desinformación moderna es una amenaza directa al sistema de gobierno democrático, que fue un motor de mejora de calidad de vida tras la Segunda Guerra Mundial. Ante esto, su mensaje es un llamado a la acción personal:

  • Actitud empática: «Si tú empiezas a buscar información desde tus propios prejuicios para demostrar qué tan villanos son, pues ahí ya tienes un base, todos tenemos sesgos. Pero hay que procurar ser lo más abierto frente a eso, porque si no, te informas solo para verificar lo que crees». La información no puede ser solo una confirmación de nuestras creencias; debe ser una invitación a la investigación.
  • Mirar a las personas como personas: La historia nos enseña que cada pueblo tiene una causa, una creencia. Es fundamental ver a las personas, no como etiquetas o titulares, sino como seres humanos con sus propias realidades.
  • No «tragar entero»: En esta época, la capacidad crítica es más importante que nunca. Cuando un argumento se repite como un mantra, se corre el riesgo de recitar lo que se oye en los noticieros sin haberlo revisado.
  • Vigilancia emocional: Diana Uribe advierte sobre los «dark posts[ii]» y la manipulación emocional en redes. «Si algo te produce un gran impacto emocional revísalo, porque de eso se trata. O sea, si te produce ira, si te produce indignación, si te produce tristeza, si te produce rabia o si te parece demasiado bueno, mira, porque de eso se trata el dark post; se trata de manejar las emociones a través de las redes».

Diana Uribe mantiene la esperanza en la humanidad, en la capacidad de celebrar nuestra diversidad y reconocer la sabiduría de nuestros pueblos originarios. Su mensaje es claro: debemos construir un futuro donde la desigualdad no tenga cabida, manteniendo viva la esperanza en medio de los desafíos. La clave está en no «pararle bolas a los estereotipos», pues tienen una intencionalidad y varían según la época. Es un llamado a ampliar la cabeza y a no permitir que se nos cierre la capacidad de entender otros argumentos, especialmente en Latinoamérica, donde la democracia está en peligro.

Esta no es una invitación a la paranoia. Es un llamado a la conciencia. A revisar los contenidos que consumimos, a dudar del titular, a confrontar la fuente. Porque, como dice Diana Uribe, “más que nunca es importante no tragar entero”. En tiempos de guerra cultural y manipulación emocional en redes, la vigilancia empieza por uno mismo.


[i] «Me están haciendo Gaslight» es una expresión que se utiliza para describir una situación en la que alguien está siendo manipulado o engañado por otra persona, generalmente de manera intencional, para hacer que dude de su propia percepción, memoria o juicio. El término «Gaslight» proviene de una obra de teatro y película de 1938 llamada «Gas Light», en la que un marido intenta convencer a su esposa de que está loca manipulando pequeños detalles de su entorno y negando la realidad. En la actualidad, el término se utiliza para describir comportamientos como:

  • Negar hechos o eventos que han ocurrido
  • Minimizar o distorsionar la realidad
  • Hacer que la víctima dude de su propia memoria o percepción
  • Culpar a la víctima por su propia confusión o ansiedad

[ii] Cuando Diana Uribe habla de » dark posts » y manipulación emocional en redes, se refiere a anuncios pagados que no aparecen en el feed público de una página, sino que se dirigen a audiencias muy específicas . Estos mensajes segmentados buscan generar fuertes reacciones emocionales (ira, indignación, euforia) para influir en la opinión o el comportamiento, convirtiéndose en una herramienta sigilosa de desinformación que afecta la capacidad de la gente para pensar críticamente.


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Alfonso J Luna Geller
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