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Viernes, 16 de octubre de 2026

Los niños campesinos y la barbarie guerrillera

Niños campesinos
Por JORGE MUÑOZ FERNANDEZ jorgemuñozefe@hotmail.com
Por JORGE MUÑOZ FERNANDEZ
jorgemuñ[email protected]

Cuatro de abril, día internacional para la sensibilización contra las minas antipersona, Convención de Ottwa. 

Cuento 

Soy muy niño, pero quisiera, a veces, tener la edad de mi hermano mayor, veinte, para poder salir sólo a las fiestas de mi pueblo, entrar al circo, jugar fútbol en los campeonatos de Ortega, Tolima, y cosechar café en el Eje Cafetero. Qué bueno sería comprar un celular y vestir ropa nueva. 

Qué agradable es ser niño, jugar con mis hermanos, esperar ansioso los domingos para que mis padres me lleven al pueblo a comer conos y oír a los culebreros, aunque me aburre que nunca sacan a la “Margarita” de la caja. Me gusta cuando dicen: “…quieta Margarita, animal feroz que tú no puedes más que Dios. Esperen un tantico que voy a mostrarles a mi colaboradora, venida de las selvas donde el Plan Colombia persigue al Mono Jojoy y a Don Manuel, alias “Tiro Infalible”. 

Esos señores son como médicos que acompañan a los políticos en las elecciones: tratan enfermedades incurables. El domingo pasado mi papá compró tres frasquitos para que mi mamá se cure de “una penosa enfermedad”, pues eso es lo que ella tiene, según le oí decir al culebrero. 

El culebrero gana billetes por montones. Una mujer muy bonita, a quien le llama Margarita II, recoge la plata en un canasto. ¿Dónde quedarán las montañas del Plan Colombia? ¿Por qué le dirá Margarita II? 

Me gustó cuando dijo: “…esto no le cuesta cien mil, lo que vale una consulta especializada, ni cincuenta mil, ni cuarenta mil, lleve por sólo treinta mil pesitos la mejor medicina de este cuatrienio” y, mi papá, Ciro Ducuara, hay mismo aprovechó la rebajona y le compró tres frasquitos. Mi papito dice que con esto ella se mejora. Estoy feliz. 

Niños + Minas Antipersonales

Ser feliz es agradable. Los niños somos felices y jamás pensamos en la muerte. Sólo los viejos piensan en la muerte, los niños somos inmortales. 

¡Qué bueno saber también que soy inteligente! Una vez le dije a mi profesora, no sé por qué todas las profesoras me parecen lindas, era en la Escuela de “El Vergel”: “profesora, por qué no prende la ventana para que entre el aire fresco” y la profe la abrió, pero me dijo: “Pachito, las ventanas ni las puertas se prenden, se abren” y me gustó porque se echó a reír y me dijo que yo era muy inteligente. 

Entonces, prenda la ventana, le dije, pero no olvide  apagarla cuando pasen los grupos terroristas, porque yo no quiero que ellos me inviten a jugar con sus fusiles, pues cuando uno agarra un arma se siente más grande y yo anhelo seguir siendo niño y no morir como terrorista en un campo de batalla. ¿Qué será terrorismo? 

Yo apenas tengo ocho años. Qué agradable saber que el sol se vuelve dulce en las naranjas, y saber que la luna hace crecer la hierba y el maíz, aunque no entienda eso de las mareas altas y bajas que le escuché a mi prima Carmenza Tique, a quien un tipo que ella cariñosamente le dice traqueto, la llevó a conocer Cartagena, porque yo no conozco el mar, además, siento miedo de los tiburones que viven en la costa atlántica y que, según un vecino de mi papá, se están desmovilizando. 

Me gusta caminar por la finquita de mi padre. Es hora ya de regresar, grata es la brisa de las cinco de la tarde pero odio los mosquitos. No sé qué me pasa. No veo el sol de los venados, tampoco a mi papá. Mis zapatos. Una explosión terrible. Olor a pólvora. Arriba en las ramas del gualanday alcanzo a ver mis dos piernas, un brazo y parte de mi estómago. Hay pedacitos de carne pegados en los árboles. Veo sangre, pero no sé cómo puedo ver todo esto si  mi cuerpo está desintegrado. 

Si alguien me hubiera enseñado qué era una mina antipersonal, pero, ya ven, lástima que sea demasiado tarde. 

BARBARIE GUERRILLERA 

No podría como payanés y caucano pasar de largo en la columna sin condenar el montaraz atentado de las Farc contra la Semana Santa de Popayán. Sólo nos  falta que digan en la Habana: “El Secretariado Nacional de las Farc expresa su repudio y condena este tipo de hechos contra la cultura nacional”. 

Y si ayer dijeron que no respetaban el Derecho Internacional Humanitario, porque la confrontación no era con Ginebra, ni con Suiza, sino con el Estado colombiano”, como lo dijera, con “irracional claridad”, Don Manuel Marulanda, nada de raro tendría que hoy dijeran que su lucha no es contra la UNESCO, (París), que  declaró la Semana Santa Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sino contra la empobrecida economía de la ciudad. Bárbaros.