Colombia y sus bachilleres


Por: Felipe Solarte Nates.- El último lugar alcanzado en la capacidad de resolución de problemas, por los bachilleres del ‘país más feliz del mundo’, entre sus pares de 44 naciones afiliadas a la OCDE, que participaron en las pruebas PISA, desnuda la realidad de nuestro sistema educativo y la necesidad de que las instituciones del Estado a todos los niveles (nacional, departamental y municipal), los educadores, padres de familia y empresarios agropecuarios e industriales, tomen cartas en el asunto, pues sin educación de calidad, estaremos condenados a vivir a la saga de grandes potencias económicas y del conocimiento y limitados a depender de las exportaciones de petróleo, carbón, otras materias primas… mientras no se agoten, y del procesamiento de algunos productos agropecuarios, manufacturas y baratijas, sin mayor valor agregado.
La baja comprensión de lectura, análisis y la incapacidad de redactar, evidencian las falencias de la mayoría de bachilleres que logran continuar sus estudios tecnológicos y universitarios.
Entre las causas del desbarajuste, se mencionan: el escaso presupuesto que destina el Estado para la educación e investigación; la insuficiente planta física, dotación de laboratorios y salas de informática y ayudas audiovisuales de gran parte de los colegios públicos del país; la falta de preparación y motivación de la mayoría de educadores, que durante décadas, sólo se han preocupado de sus reivindicaciones económicas, pero han rechazado las evaluaciones que ha intentado hacer el Ministerio de Educación; la insuficiente jornada escolar, desde que a mediados de los 70, -buscando ampliar los cupos- suprimieron las clases durante la mañana y tarde; la creciente rebeldía de los adolescentes que no obedecen a sus padres y maestros y al contar con mayor tiempo libre, son muy influenciados por las pandillas, donde se inician en el consumo de drogas y en la delincuencia, etc.
Si bien es cierto, que ante el masivo desarrollo y auge de los medios audiovisuales en casi todos los países del mundo, los métodos de enseñanza han cambiado, siendo obsoletas las clases de tiza y tablero y aprendizaje de memoria, no hay que olvidar que la base de todo conocimiento se fundamenta en leer entendiendo y para crear ideas y proyectos, en saber escribir, actividades que deben estimularse desde la primaria.
Un ensayo académico, guión para teatro, televisión o cine, un noticiero de radio y televisión o para cualquier proyecto publicitario o productivo en el campo y la industria, primero deben escribirse y quienes los hacen deben saber leer, diseñar proyectos y redactar. Esta capacidad escasea entre nuestros bachilleres, tal como lo demostraron las pruebas PISA, cuyos primeros lugares ocuparon estudiantes de China, Singapur, Corea del Sur y Finlandia, entre otros, que consecuentemente registran un acelerado desarrollo en investigación científica, tecnológica y producción industrial.
El caso de Corea del Sur debe ser ejemplar para Colombia. Después de afrontar una guerra entre 1951 y 1953, -en la que participaron soldados colombianos- al final de la cual quedó dividida con sus vecinos comunistas de Corea del Norte, en la década del 70, estaba por debajo de Colombia, en todos los indicativos socioeconómicos y con un territorio escaso de tierra cultivable y recursos minerales.
Para superar las dificultades, sus gobernantes concentraron esfuerzos fortaleciendo la educación, con presupuesto, personal capacitado y bien remunerado, llegando en la actualidad a ser una potencia industrial, con poderosas empresas fabricantes de maquinaria, vehículos automotores, electrodomésticos e informática, con fabricas y sucursales regadas por todos los continentes, con un PIB, promedio de ingresos por habitante y volumen y valor de exportaciones que de lejos superan a las colombianas.
A pesar de los negativos resultados, la admisión del gobierno nacional, de aceptar medir nuestro nivel educativo con los de 44 países de los más desarrollados del mundo, es un paso positivo para que nos bajemos de la nube, y tomemos los correctivos que nos faciliten salir del farolito de la competencia lo más pronto posible, a las puertas de concretar un proceso de paz con las Farc y del ‘posconflicto’, fomentando una educación desde temprana edad, que propicie la compresión de lectura, capacidad de redacción, razonamiento abstracto, estimule la investigación y el emprendimiento y la fundamentación de valores, que permitan una convivencia democrática pacífica y la lucha contra la delincuencia a todos los niveles, en un país con graves secuelas del narcotráfico, enriquecimiento ilícito, violencia cotidiana con gran participación del ‘matoneo estudiantil’, las pandillas juveniles y la corrupción administrativa.



