LICENCIAS



Habiendo de tanto que ocuparse, me acontece traer a memoria, grata recordación, que será, para tantos, cosa insustancial en el país de “me importa un rábano” la figura y voz de Helcías Martán Góngora (Güapi, 1920- Cali 1984)
Poeta por excelencia, caucano por antonomasia, figura egregia del Pacífico, guapireño por más señas.
Ah, de la noche vaga,
como una luz entre la lejanía.
Mi lámpara se apaga
y el corazón que ardía,
es pavesa de llanto y elegía.
Si, hoy, las artes padecen afugias para su reconocimiento, ánimas implorantes del aprecio oficial, la ignorancia de su valor, ante las arremetidas siempre presentes de la banalidad, el tesón que otrora tuviera Helcías para sostener, robustecer y divulgar una revista poética como “Esparavel”, tanto más sería encomiable, en aquellas épocas, cuarenta años cuando más de pisoteos iracundos del poder, exaltar la inmensidad de la palabra y la poesía…
Alza mi voz que clama
en la noche con pávida insistencia.
Fui leño de la llama
que encendió tu presencia.
Ceniza soy de enamorada ausencia.
El olvido es irremediable y la memoria va construyendo murallas chinas insobornables con la bestialidad de la felicidad presente de la ostentación, los objetos y cables electrónicos que cuelgan, andan y se sostienen cuales si fueran cuerdas de nuestro suicidio inconscientemente deseado…
Y estos labios resecos
de golpear como arcángeles malditos
la puerta de los ecos
con las manos del grito
para que me responda el infinito.
Tiempos sórdidos es lo que ha habido, que hay y que vendrán como si necesitáramos revolcarnos en la aguamasa de las desesperaciones donde todo tiempo pasado ha ido, sido, peor y donde todo tiempo, valga la redundancia, es susceptible de empeorar.
Tallada en soledades
por ángeles de luna desvelada.
Ríos de claridades
Buscan tu mirada
Azul de mar, la noche constelada.
Loa a Helcías.
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