LETICIA ESTA EMBARAZADA
Reinel Gutiérrez
El embarazo es un estado interesante de la mujer, y es a la vez una situación delicada y de cuidado. Alrededor de ese fenómeno se tejen muchos comentarios, unos agradables, otros detestables, y así sucesivamente, según el medio social en que se produzca el acontecimiento.
Es muy bien sabido que los habitantes del planeta se dividen en clases, y que para la convivencia se establecen todo tipo de normas de control, de ética, moral y política.
Cuando el embarazo sucede en una de las monarquías de Inglaterra o España, causa admiración y elogios. Lo mismo sucede si la agraciada es una reina de belleza, una modelo, actriz o cantante famosa.
Recientemente se especuló sobre un hecho de éstos en la persona de Shakira, pero los comentarios fueron decentes, tanto en los medios de comunicación como en las personas a nivel particular.
Una primera dama de cualquier nación seguramente es colocada en el pedestal social si se sabe que está encinta.
Lamentablemente si el hecho pasa en el estrato popular, los comentarios y habladurías son dañinos. Una vez a Leticia se le empieza notar su estado, la gente dice cosas así: «Claro, ya era hora que le pasara», «bien hecho por brincona» «al fin le pusieron el tatequieto» «ahora si se fregó».
A pesar de que el embarazo como proceso biológico es igual en cualquier municipio colombiano, como en Mónaco, o Estados unidos, el punto de vista de las personas es diferente, de acuerdo con la clase social a la cual pertenezca la bella dama.
Así es la cultura que dispara ráfagas de palabras hirientes para unas, y rosas para otras que son admiradas por su belleza, linaje, y solvencia económica.
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