LAS BARRAS BRAVAS


Por alguna razón que alguien tendrá que explicar, el problema de las barras bravas en el fútbol colombiano lo están dejando crecer en demasía, al punto que su influencia es tal que cada vez nos parecemos más a la Argentina.
Bastante tenemos ya con que nos quieran cambiar otra vez la Constitución para meternos el cuarto poder, el electoral, y quedar igualiticos a Venezuela, esperando el ascenso de un Chávez colombiano por encima de Cortes y Congreso, para que ahora quienes permitan o no entrar a los partidos de fútbol sean los dirigentes de las contempladas, y muchas veces patrocinadas barras bravas. Y como esas barras son una exultación del poder irracional, de la pasión sin contemplaciones, el apoyo y tolerancia que se les da, o el tratamiento equivocado que se les ha planteado, las dejaron convertidas en los regentes de lo que pueda o no pueda pasar en un estadio.
El comunicado de la Barra Brava Barón Rojo Sur de Cali advirtiéndole a la ciudadanía, en la forma más respetuosa, que no debe celebrarse el partido de Nacional contra Cortuluá en el Pascual Guerrero, es la máxima demostración de hasta donde hemos llegado o de hasta donde esas barras son explotadas por inescrupulosos comerciantes de la fuerza bruta o de la envidia.
Como Cortuluá se tuvo que ir a jugar a Cali porque el estadio de mi pueblo lo dejaron acabar y en el Pascual pueden hacer un taquillazo con la gran hinchada del Nacional, ahora las barras bravas no quieren que ese partido se celebre para que los del débil equipo tulueño no hagan taquilla.
Sea envidia o sea odio, sea demostración de poder o muestra fehaciente de la batalla interior que hay entre los hinchas, (y no conocemos), el asunto es grave.
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