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lunes 13 enero, 2014 a las 11:16 pm

La sorprendente China

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FELIPE SOLARTE
Por: Felipe Solarte Nates

La civilización china es una de las más antiguas del mundo y a lo largo de cinco milenios no sólo fueron grandes navegantes y construyeron inmensas obras como la Gran Muralla, la única obra humana que los astronautas del Apolo XI, distinguieron desde la luna, y vestigios culturales como los 10.000 guerreros de terracota. También son padres de inventos decisivos para occidente como el papel y la pólvora, sin olvidar la sabiduría de las filosofías de Confucio y Lao Tse, la acupuntura y sus ejercicios y técnicas de meditación buscando el equilibrio físico y espiritual de la mayoría de población.

El reciente informe según el cual la economía de la China por primera vez superó a la de Estados Unidos en transacciones en dólares y en la tasa de crecimiento del 6.7%, nos sorprende a quienes en la década del 70 recibíamos las revistas Pekín Informa y China Reconstruye, marcadas por la aguda confrontación con el capitalismo y el radical sesgo ideológico ultraizquierdista que caracterizó la era de Mao Tse Tung, el padre de la revolución socialista del milenario gigante asiático. Entonces los Estados Unidos y la URSS eran las potencias dominantes y estaban enfrascadas en la “Guerra Fría”, mediante la cual jugaban ajedrez en el tablero de la tierra, interviniendo en cuanto conflicto interno surgía en diversos países, al apoyar con dinero y armas a los bandos enfrentados. Así sucedía en el Vietnam, Laos y Camboya, en el sureste asiático, en numerosos países de África y en Latinoamérica, en países como Cuba, Chile, Nicaragua, El Salvador y en menor medida en Colombia. Fue la era de las dictaduras militares de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Chile, Brasil, Perú, Ecuador, promovidas por los gringos para aplastar los brotes guerrilleros apoyados por los soviéticos, mientras los orientales se acercaban a los marxistas leninistas radicales y los países “No Alineados”, creados por Tito de la extinta Yugoeslavia, Nasser de Egipto e Indira Gandhi de la India, intentaban escurrirse de las garras de las dos superpotencias dominantes, amenazando con el holocausto de la guerra nuclear.

Era la época en que chinos y chinas vestían el mismo traje azul oscuro con cuello estilo Mao y al interior del partido promovían la “revolución cultural”, que no era otra cosa que intentar volver a toda la población al campo, obligando a los estudiantes, profesionales y cuadros urbanos a ir a las cooperativas agropecuarias, para untarse de tierra y alejarse de la vida burguesa de las ciudades, fusilando o paseando sobre burros, amarrados y con letreros a los dirigentes del partido a quienes acusaban de haberse aburguesado o adoptado la ideología capitalista o “revisionista” del partido Comunista de la Unión Soviética, a quienes consideraban ´parias’, desviados del marxismo leninismo stalinismo correcto.

Entonces cayó en desgracia Chou en Lai, el segundo dirigente en importancia después de Mao, quien con la sagrada Biblia de su librito Rojo y los dos tomos de la Obras Escogidas, daba línea no sólo a los chinos, sino a todos los simpatizantes y militantes de los partidos comunistas marxistas leninistas que existían en todos los continentes y que en Colombia influenciaban en colegios de secundaria como el Liceo de Popayán, en universidades como la del Cauca, en sindicatos y en gremios campesinos como la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, que promovió masivas invasiones de haciendas en la Costa Atlántica y otras regiones del país, entre ellas el Cauca y tenía su brazo armado: el Ejército Popular de Liberación, EPL, desmovilizado durante el gobierno de Gaviria, junto al Quintín Lame y el PRT.

Entonces en los editoriales de Pekín Informa, a los gringos los llamaban: “el tigre de papel del imperialismo yanqui”, con el que tuvieron el primer acercamiento, gracias a la diplomacia del Ping Pong, durante el gobierno de Nixon y su canciller Kissinger.

Fue a raíz de la muerte de Mao en 1975, cuando los moderados dominaron a su viuda cabeza de los ultraizquierdistas, nombrando a Den Ziao Ping, como cabeza del partido y primer ministro que inició la pragmática transformación interna y apertura al comercio internacional que hoy la tienen encabezándolo.

Con su célebre frase de “que no importa que el gato sea blanco o gris, lo importante es que cace ratones”, inició Den Ziao, la apertura de la economía comerciando con diversos países sin importar si fueran capitalistas o socialistas. Así fue como el gato de la China creció comiendo ratones al promover las exportaciones  gracias a las ventajas que en precios competitivos le brinda la gigantesca producción para 1.500 millones de habitantes e invirtiendo en otros países como Estados Unidos y varios latinoamericanos, alejándose del radicalismo y sistemas productivos anquilosados propios del socialismo burocratizado, que a la larga enterró a la Unión Soviética, al demorarse en abrir la sociedad y economía controladas.

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