Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Lunes:
Popayán 9 y 0
Cali 9 y 0
Lunes, 12 de octubre de 2026
viernes 9 octubre, 2026 a las 2:03 pm

NO HE LEÍDO A LA NUEVA PREMIO NOBEL, PERO YA LA MANDÉ PEDIR

Se nos fue tio rico

Imagen por: https://gemini.google.com/

Guido Germán Hurtado Vera

Me enteré de que ganó el Nobel de Literatura 2026 porque me escribió Óscar Corral, de Univalle Estéreo, para una entrevista. Le contesté la verdad: me acabo de enterar y no conozco a la autora. Canadiense, poeta, profesora de griego. No saber me retó. Me puse a buscar quién era, qué había escrito, y terminé pidiendo sus libros con café en mano.

Los pedí por Amazon. Poco más de cien dólares, con envío gratis por superar los 35. Vienen para mi casa de Privilegio. Esta casa es mi espacio para leer, escribir, pensar y tomar mucho café. Desde aquí hago consultoría. Y desde aquí leo. Los espero con lápiz, con tinto y con la tarde entera por delante.

Los leeré en el tercer piso, donde tengo mi biblioteca. Desde allí se escucha el río. Estos días casi no suena. El verano ha sido duro y arriba, en San Pedro, las fincas le quitan el agua y lo dejan flaco. Aun así, algo baja. Ese hilo me basta para leer.

Alguien podrá decir que es soberbio escribir sobre libros que no se han leído. Y tendría razón si yo pretendiera reseñarlos. No es el caso. Cualquiera me dirá que no se puede escribir sobre lo que no se ha leído. Tiene razón. Por eso este no es un artículo sobre Carson. Es un artículo sobre lo que pasa antes de leerla. Sobre la curiosidad, la espera y lo que un título promete cuando aún no se ha tocado. Como historiador, muchas veces he pedido un archivo sin saber qué trae. Esta vez pedí cinco libros. Y cada uno me sirve para explicar algo que como historiador he aprendido.

El primero es Autobiografía de rojo. Toma a Gerión, el monstruo rojo de la mitología griega, y lo cuenta como un muchacho que ama y no encaja. Toda sociedad necesita un monstruo para definir qué es normal. En la colonia fue el idólatra; en el siglo veinte, el comunista; hoy, el que desea distinto. Poner al monstruo en el centro y contar su historia de amor es un acto político. Nos recuerda que la identidad no es lo que uno es, sino lo que los otros no soportan que uno sea.

El segundo es Hombres en sus horas libres. Un libro que no respeta fronteras. El poema se vuelve ensayo; el recuerdo se vuelve historia; la cita en griego aparece junto a la anécdota personal. Nos enseñaron a ordenar el mundo separando géneros: esto es poesía, esto es política, esto es vida privada. Carson muestra que el pensamiento real no ocurre en horario de oficina. Ocurre en la hora libre, cuando dejamos de cumplir un formato. Las mejores ideas no salen del protocolo de archivo; salen del café después del archivo.

El tercero es La belleza del marido, un ensayo en 29 tangos sobre el matrimonio. No sé bailar tango. Nunca aprendí. Pero entiendo la metáfora. El tango son dos personas que se abrazan y se miden, que avanzan y se pisan, que se necesitan para moverse y a la vez se estorban. El matrimonio no es solo amor eterno. Es un acuerdo coreográfico para no caerse. Es contrato, economía, ley y negociación diaria sobre quién lleva el paso. Este libro promete hablar menos del amor romántico y más de la belleza que queda cuando el amor ya no alcanza y solo queda el pacto.

El cuarto es Si no, el invierno, su traducción de los fragmentos de Safo. De Safo solo quedan astillas, papiros rotos por el tiempo. Muchos traductores inventan lo que falta. Carson no. Deja el blanco, el corchete, el vacío. Para un historiador esa es una ética: no rellenar el silencio de otra con mi ruido; no completar a la mujer antigua con lo que yo quisiera que hubiera dicho. Dejar el hueco visible es decirle al lector: «Aquí hubo una vida y el poder la borró». Cuántas historias hemos dañado en Colombia por querer completarlas a la fuerza con nuestra versión.

El quinto es Nox, que en latín quiere decir noche. Es el libro que hizo cuando murió su hermano. No es un libro; es una caja. Pegó fotos, cartas, recortes, una traducción de Catulo. No busca explicar la muerte, sino quedarse con ella un rato. Vivimos en un mundo que vende superación rápida y cierre; en un oficio como el mío, que a veces entierra rápido para seguir con el siguiente informe. Ella propone lo contrario: una noche larga. El duelo no como trámite que se supera, sino como oficio manual que se hace pegando pedacitos.

Cinco libros. Soledad, deseo, libertad de forma, matrimonio, fragmento y duelo. Si los junto, como historiador me queda esto: somos seres rojos que aman fuera de lugar, que piensan mejor cuando nadie les exige un formato, que bailan abrazados aunque se hieran, que quedamos en pedacitos por la historia y que, cuando perdemos a alguien, no lo superamos: aprendemos a vivir con una noche adentro.

Por eso pedí cinco libros de una autora que no he leído. No para estar al día, sino porque sospecho que no me va a enseñar algo nuevo. Me va a devolver, con otras palabras y desde otra lengua, lo que como historiador ya sabía y no había sabido decir.

Déjanos tu comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *