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Domingo, 11 de octubre de 2026
viernes 9 octubre, 2026 a las 1:25 pm

Se nos fue tío Rico.

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Imagen por:https://gemini.google.com/

FERNANDO ALEXIS JIMÉNEZ

Los padres tenemos una enorme responsabilidad en la formación de nuestros hijos. No podemos eludir ese compromiso.

A tío Rico no lo conocí en Disneylandia, sino en Floralia, una ciudadela del nororiente de Cali, de callecitas estrechas, casas uniformes, negocios a diestra y siniestra como si estuviéramos invadidos por una feria de turcos y el bullicio de niños que corrían de aquí para allá, llenándolo todo de alegría.

Terminaba la década de los ochenta y tío Rico evidenciaba, a sus ocho años, un liderazgo admirable, pero no los aires de matón de barrio que llevaron a muchos a tenerle miedo.

Personalmente no le tenía miedo, porque lo conocí desde su niñez, cuando su madre lo dejaba a la deriva en el antejardín, ella que era dicharachera y enamoradiza, y su padre, un nómada que trabajaba con el Estado, pero que no perdía fin de semana sin que se tomara sus guarilaques.

Óscar y Diego, su hermano menor, se criaron en la soledad de una casa grande, con ciertos lujos, ocupados en qué matar el tiempo y, una de esas aficiones, los caramelos de tío Rico; de ahí el sobrenombre del muchacho.

Siempre he pensado que ese fue el origen de sus andanzas en la delincuencia, como ladrón de cuadra, apartamentero y sicario, hasta que terminó en un patio abarrotado en la cárcel de Villahermosa.

Salió e incurrió de nuevo en lo mismo. Incluso, una vez impidió que sus compinches me atracaran: “Déjenlo sano que es mi vecino” y, cosa irónica, le di las gracias. Me libró de un robo con puñalada incluida.

Y como si se tratara del zurdo Cruz Medina, protagonista de “Sangre maleva”, el tango que musicalizó Alfredo De Angelis y que popularizó Oscar Larroca en 1955, tío Rico se enfrentaba al que fuera y en donde fuera, hasta que lo dejaron tuerto en una riña callejera.

Idas y venidas a la prisión hasta la noche aciaga cuando un enemigo lo sorprendió durmiendo en la calle, con un costal de almohada, y lo mató. Pero pienso en él con nostalgia porque, pienso, somos los padres responsables del destino de los hijos.

@CrónicasdeMacondo


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