La República en Riesgo

Por: Luis Esteban Rivera Fuli.
Una eventual segunda vuelta presidencial entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella reflejaría una de las mayores crisis de representación política en la historia reciente de Colombia. Más allá de las diferencias ideológicas entre ambos candidatos, lo verdaderamente preocupante es que sus discursos y propuestas evidencian tendencias que podrían debilitar pilares esenciales del Estado social y democrático de derecho construido desde la Constitución de 1991.
En el caso de Iván Cepeda, preocupa la continuidad y profundización de una visión política cercana al proyecto de Gustavo Petro, que parece priorizar la flexibilización del aparato coercitivo del Estado frente a estructuras criminales bajo la lógica de la negociación permanente y la ampliación de beneficios jurídicos. La experiencia reciente de la “Paz Total” impulsada por el gobierno Petro ha mostrado enormes dificultades institucionales: fortalecimiento territorial del ELN, expansión de las disidencias de las FARC y aumento de la percepción de impunidad en amplios sectores de la sociedad.
A esto se suma un discurso político que parece entender la Constitución no como un límite al poder, sino como un obstáculo para un proyecto político determinado. La idea de reformar el orden constitucional porque “no sirve” cuando no se adapta a los intereses del gobierno de turno resulta peligrosa en cualquier democracia liberal. El constitucionalismo moderno existe precisamente para evitar la concentración del poder y proteger la separación de poderes.
También genera inquietud la ambigüedad técnica de muchas de sus propuestas económicas y sociales. Un programa de gobierno de 433 páginas que parece más un discurso veintejuliero de plaza pública que un programa de gobierno serio, termina produciendo únicamente dudas en el cómo se va a realizar cuando además se transmite la idea de utilizar el aparato judicial contra figuras como Álvaro Uribe Vélez, lo cual desdibuja gravemente el principio de la separación de poderes.
Sin embargo, Abelardo de la Espriella representa riesgos distintos, pero igualmente delicados. Aunque se presenta como un outsider contrario a la política tradicional, su candidatura está respaldada por sectores encabezados por Enrique Gómez Martínez, heredero político del conservadurismo tradicional de Álvaro Gómez Hurtado. Esa contradicción entre discurso y realidad debilita profundamente su narrativa antisistema.
Más preocupante aún es la forma en que De la Espriella plantea una defensa casi dogmática de la Constitución de 1991 mientras propone medidas abiertamente inconstitucionales, como la cadena perpetua y las megacárceles. La Constitución Política fue concebida como un texto abierto y reformable precisamente para evitar el riesgo de convertirla en una constitución pétrea e incapaz de responder a las transformaciones sociales.
Lo más alarmante es que ambos proyectos, aunque ideológicamente opuestos, comparten elementos profundamente preocupantes: apelación constante a las emociones, discursos simplificadores, personalismo político y construcción de enemigos absolutos. En una democracia institucionalmente frágil como la nuestra donde candidatos presidenciales incluso evitan debates públicos sin consecuencias reales, la deliberación racional que defendía el profesor Jürgen Habermas va siendo reemplazada por el espectáculo y la polarización.
Ya lo advertía Hannah Arendt en “Los Orígenes del Totalitarismo” que las democracias no suelen derrumbarse de un día para otro, sino que se erosionan progresivamente cuando la política deja de estar guiada por instituciones sólidas, deliberación y pluralismo, para quedar sometida al fanatismo, la emocionalidad y el culto al líder. El problema para Colombia no es únicamente quién pueda ganar una eventual segunda vuelta entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, sino el deterioro progresivo de la cultura democrática que permite que figuras cada vez más caudillistas y polarizantes se conviertan en las principales alternativas de poder.
Solo el voto objetivo y verdaderamente informado tiene en sus manos el futuro democrático de La Eterna Patria Boba, pero ante la inminencia de esta trágica segunda vuelta, replicaré las sabias palabras que algún día dijo mi abuela “Que entre el diablo y escoja y que Dios nos agarre confesados”.



