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Domingo, 4 de octubre de 2026

LA PAZ NO ES UNA GOLOSINA

Plebiscito o Constituyente
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano.
Plebiscito o Constituyente
http://www.semana.com/nacion/articulo/acuerdos-con-las-farc-plebiscito-o-constituyente/460461

La paz no es una paloma de cobre u oro, puesta en la solapa o en el pecho. No es un símbolo ni una colombina que promete el papá para el día de cumpleaños o para que el niño se porte bien.

La paz es un estado de tranquilidad social, laboral, industrial, comercial y de equidad en un país. No es la firma de un pacto, ni lograr almorzar por dos años con guerrilleros en la misma mesa con gastos pagos. La paz no se predica como en un púlpito para alabar las propias bondades de su gestión.

La paz no depende del visto bueno del Congreso, ni de las altas Cortes para realizar un plebiscito, mientras las demás cosas continúan lo mismo. Como los papeles de Panamá, Reficar o la explotación inmisericorde de nuestros territorios sin el más mínimo decoro ni la nula contemplación de la suerte de sus pobladores y de las riquezas naturales. O la cara vuelta al otro lado para no abrir la boca de lo que pasa en los contratos y cheques por debajo de la mesa.

Ni la paz puede ser una falsa zanahoria que estimula la carrera para gozar de un premio ni una amenaza de fuete para que la sociedad se apresure a estar de acuerdo con lo que desea el papá.

Duele hablar de estas cosas el día del padre. Nuestro Código Civil exige a los administradores privados y públicos que se comporten como lo haría un buen padre de familia en los gastos de su hogar. El elector tiene la libertad de votar por su candidato favorito pero no a darle gusto a su gobernante cuando ve que no se comunica lealmente con él. Si hay excelente comunicación con quienes han estado en contra del Estado, con igual o mayor razón debe ser fluido el contacto con los ciudadanos asociados.

No está bien la oferta de mermelada para que alguien vote o dé su consentimiento a la voluntad por una paz parcial en la que no hay claridad de ejecución en el postacuerdo. Ni mucho menos que el gobernante trate de intimidar al ciudadano del montón presionando el gaznate como el pastorcito: ¡Ahí, viene el lobo, ahí viene lobo feroz!, para lograr el voto en un plebiscito que aún está en estudio.

La política es un arte que debe tener sus reglas mínimas. El todo vale puede ser norma para ciertos tratos entre facciones o facinerosos. Pero a quien posee la Majestad del Estado por mandato de la Constitución se le exige pulcritud en todos sus gestos y actuaciones. El presidente tiene que ser un político en el buen sentido de la palabra: gobernar de cara a lo que ordena la constitución y la ley y velar por el bien de los asociados y del territorio.

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