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Miércoles, 4 de noviembre de 2026

LA NOCHE EN QUE LOS DEMÓCRATAS VOLVIERON

En la noche del martes 3 de noviembre de 2026, el pueblo de los Estados Unidos nos regaló una lección luminosa. No fue solo la victoria de un partido. Fue la victoria de la democracia. Y por eso, amanecí con...

Guido German Hurtado Vera siguiendo los resultados electorales de Estados Unidos
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Guido Germán Hurtado

En la noche del martes 3 de noviembre de 2026, el pueblo de los Estados Unidos nos regaló una lección luminosa. No fue solo la victoria de un partido. Fue la victoria de la democracia. Y por eso, amanecí con esperanza y el mundo también.

I. UN MARTES LARGO Y LA ANGUSTIA FECUNDA DE LA ESPERA

El martes 3 de noviembre fue interminable. Durante horas permanecí atento, con esa mezcla de ansiedad y esperanza que solo produce la democracia, con el corazón en la mano. A las 10:08 de la noche, CNN en Español proyectó que los demócratas recuperaban la Cámara. Seguí CNN en Español minuto a minuto y, a las 11:37 de la noche, CNN en Español confirmó el control del Senado con el triunfo de Josh Turek en Iowa. A las 11:40 de la noche, con Cámara y Senado ya definidos, empecé a escribir.

Esa angustia no es un defecto. Es la esencia de la democracia. Como enseñó Norberto Bobbio, la democracia es el único sistema que vive en la incertidumbre. Nadie sabe quién va a ganar hasta que el último voto se cuenta. A diferencia de la autocracia, donde todo está decidido, en democracia sufrimos porque no sabemos. Y ese sufrimiento del martes es la prueba más hermosa de que el sistema está vivo.

II. EL PODER CAMBIÓ DE MANOS SIN ROMPERSE

Esa noche, el poder cambió de manos sin romperse, sin un grito, sin una piedra. Según AP, en la mañana del miércoles 4, los demócratas tienen 222 escaños ya ganados en la Cámara contra 138 republicanos, y lideran en 41 distritos más. Necesitaban 218 y ya los tienen. Las proyecciones de NBC y Al Jazeera hablan de una mayoría final que podría superar los 255 escaños, la más grande desde 1990.

En el Senado fue definitivo. Con Iowa, los demócratas más dos independientes que votan con ellos llegaron a 51 escaños, el mínimo para el control. Con 51, el desempate del vicepresidente JD Vance ya no aplica. Esta mañana, el conteo oficial de AP y USA Today va en 54 demócratas contra 44 republicanos, con dos carreras aún por cerrar: Alaska y Mississippi. Venían de una minoría de 47 y logran una ganancia neta de 7.

Los estados que se voltearon son siete, todos ganados por Trump en 2024: Iowa, con Turek; Kansas, con Adam Hamilton, el primer demócrata allí desde 1932; Carolina del Norte, con Roy Cooper; Ohio, con Sherrod Brown; Carolina del Sur, con Annie Andrews; Texas, con James Talarico, el primer demócrata que gana un Senado en Texas desde 1988; y Maine, con Troy Jackson, que derrotó a Susan Collins tras casi 30 años.

Todo se decidió por votos. Sin violencia. Solo manos que marcan un tarjetón y se van a casa abrazando a sus hijos.

Recordamos a Tocqueville: la grandeza de Estados Unidos no consiste en no tener conflictos, sino en resolver sus conflictos sin destruirse. Hannah Arendt nos recuerda que el poder solo existe cuando las personas actúan juntas. Y ayer, actuaron votando, con serenidad y con coraje.

III. LA DEMOCRACIA CASTIGA A LOS BRAVUCONES CON FRAC

Aquí aparece la lección más profunda para Colombia.

Hace poco escuché a un asesor político muy poderoso decir con cinismo: «Hay que mover los sentimientos, no las razones. La gente no vota con la cabeza, vota con el estómago, con el miedo». Esa es la teoría del bravucón con frac: asustar, gritar, ser grosero y bravucón para que la gente vote atemorizada.

En Estados Unidos ganó la razón. La democracia castiga a los bravucones con frac. Castiga a quienes hacen de la política un ejercicio de grosería, bravuconería y miedo.

El pueblo castigó a las candidaturas del grito y del insulto. Por ejemplo, Ken Paxton, en Texas, con discursos de odio hacia migrantes y con 212 millones de dólares de Elon Musk detrás, perdió ante Talarico.

Como enseñó Estanislao Zuleta, una sociedad democrática madura aprende a tramitar el conflicto con palabras y argumentos. No a gritos. Cuando un liderazgo solo ofrece miedo, la democracia lo corrige en las urnas.

Esto es didáctico para Colombia. Ya pasaron nuestras presidenciales de mayo de 2026, pero la lección queda. Quienes creen que a punta de grosería y amenaza van a sostenerse, que miren lo que pasó. El pueblo se cansa de los bravucones con frac. Ganan las ideas y no los gritos. Gana la razón.

IV. EL TRIUNFO DE TODOS LOS COLORES Y DE TODAS LAS HISTORIAS

Como dijo Hakeem Jeffries, próximo presidente de la Cámara y primer afrodescendiente en presidirla en 250 años: «Estamos ganando en estados azules, morados y rojos».

Me detengo en dos nombres.

Gana Flanagan. Peggy Flanagan ganó en Minnesota y se convierte en la primera mujer indígena en llegar al Senado de Estados Unidos. Es de la Nación White Earth Band of Ojibwe. Después de siglos de exclusión y despojo, una mujer indígena entra al corazón del poder legislativo del país más poderoso. No es un dato menor. Es una reparación histórica.

Ganó Troy Jackson. Leñador de quinta generación del norte de Maine, hombre del pueblo, ex presidente del Senado de Maine, que derrotó a Susan Collins. Es el primer demócrata que gana un Senado en Maine desde 1988. Otra prueba de que cuando el pueblo razona, el poder cambia.

Este triunfo se suma a una constelación que ensancha la democracia: Abdul El-Sayed ganó en Michigan y es el primer senador musulmán de la historia; Elaine Luria recuperó Virginia 2; Byron Donalds, republicano afrodescendiente, ganó Florida y es el primer gobernador negro de ese estado; Keisha Lance Bottoms ganó Georgia y es la primera mujer afrodescendiente gobernadora en la historia del país; Gina Hinojosa, latina hija de migrantes, ganó Texas y es la primera latina gobernadora de Texas; Chris Pappas ganó New Hampshire y es el primer senador abiertamente gay; Josh Turek ganó Iowa, un hombre en silla de ruedas, medallista paralímpico, que subía escaleras arrastrándose para hablar con votantes.

Como diría Habermas, la esfera pública se ensancha cuando entran voces excluidas. Anoche entraron todas. Como enseñó Rawls, una sociedad es justa cuando los menos aventajados también pueden llegar al poder.

V. EL DINERO NO LO COMPRA TODO

Elon Musk gastó 474 millones de dólares en esta elección, récord en la historia. Superó sus 270 millones de 2024. Solo en Texas puso 212 millones para Paxton.

Y perdió. Perdió en Texas. Perdió en Iowa. Como perdió en Wisconsin en 2025, cuando puso 25 millones.

Lo advirtió hace 240 años James Madison, uno de los fundadores de Estados Unidos: el peligro es que un grupo con mucho dinero quiera comprar el gobierno para su beneficio. La defensa no es callar a nadie, es que haya muchas más voces. Anoche hubo millones de voces votando. Montesquieu advirtió que cuando el dinero entra sin límites, corrompe el espíritu de las leyes. Anoche el pueblo dijo: «La urna vale más que la billetera». La democracia no está en venta.

VI. CONCLUSIÓN: UNA IMAGEN DE ESPERANZA

Por eso el mundo recibe esta victoria como esperanza. No porque ganó un partido, sino porque demostró cuatro cosas luminosas:

Primero, que el poder puede cambiar de manos sin violencia, con la delicadeza de quien entrega una carta. Desde el 3 de enero de 2027 habrá gobierno dividido y se acabó la trifecta republicana de 2024.

Segundo, que todas las culturas, todos los orígenes, todas las identidades caben en la casa común del pueblo. Que nadie sobra.

Tercero, que el pueblo castiga a los bravucones, que gana la razón y no el miedo, y que el pueblo manda más que el dinero.

Y cuarto, que los medios de comunicación en Estados Unidos estuvieron con el pueblo y no con los poderosos.

Durante la noche del martes vi a CNN en Español, a NBC, a todos los canales, contando voto a voto, pueblo por pueblo, con humildad, sin arrodillarse ante los billonarios. Estuvieron del lado del ciudadano que hace fila bajo la lluvia. Estuvieron con Flanagan, con Troy Jackson el leñador, con Turek, con Hinojosa.

En Colombia es al contrario. Y duele. Muchos medios grandes no están con el pueblo, están con los poderosos. Con los dueños de la billetera, con los que ponen los 212 millones. No cuentan voto a voto, cuentan cómo asustar.

Por eso esta victoria nos interpela. Nos dice que otra prensa es posible. Una prensa que informe razones, no que manipule miedos. Que no se arrodille ante los 474 millones de dólares de los billonarios, sino que se pare al lado de la señora que vota al salir del trabajo.

Terminé de escribir este artículo a las 2:38 de la madrugada de hoy, miércoles 4 de noviembre. Y a las 6:20 de la mañana salí a correr con una alegría indescriptible. Con la alegría serena de saber que la democracia no está en venta, que la razón le gana al miedo y que el pueblo, cuando se le respeta y se le informa con verdad, todavía manda.

Y eso, en estos tiempos tan duros, no es poco. Es todo. Es la vida misma.

Historiador y politólogo.


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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