LA NECESIDAD DE LEER PARA ESCRIBIR


Loco-mbiano

He traído en mi valija tres libros sacados de la boca de un Pez volador desde el Sur del Continente con la voz y genialidad de una buena cantidad de autores. Entre ellos Cartas poéticas e íntimas de Emily Dickinson de Grijalbo-Mondadori, editores, Todos los hombres son mentirosos de Alberto Manguel y una bella edición de El libro de las Pasiones de Editorial El Ateneo, una selección de «palabras para conocer nuestros deseos de más de cien poetas y escritores».
Apenas si he podido hojear este último y releer los comentarios que Margarita Ardanaz le hace a la obra que presenta de la Dama de blanco de Amherts, Massachusetts. A Manguel lo he dejado reposar un poco ya que es uno de mis mentores preferidos.
Inicia el Libro de las Pasiones con esta página cortísima del poeta alemán Achim Von Armin titulada Quimera: «¿Quién es el que teje esas tramas en el fondo de nuestro corazón?» que me dejó lelo.
¿Qué es lo que pasa allá en nuestro interior cuando empezamos a pulsar la lira o a teclear para que las letras salten y bailen en frente de nuestros ojos mientras estamos sentados y escribimos tan pronto calla el ruiseñor en la mañana?
En el amplio salón de nuestra conciencia o en el vasto depósito de neuronas en nuestro cerebro hay unos movimientos imperceptibles de los cuales brotan palabras que surten nuestro pensamiento y van poniéndose en fila para dar sentido ante la pulsación de nuestros dedos. ¿De dónde han escapado o dónde estuvieron antes esas ideas que van apareciendo?
No pudo ser de la nada. ¿O, seguiremos diciendo que fue una musa que nos inspira o que somos creadores porque sí? ¿Así, no más?
¿Ciertamente en el escritor hay una virtud que haga que emerjan ideas lúcidas y salgan corriendo como liebres por el simple hecho de sentarse ante la página en blanco y dejar mover los dedos?
No. El arte no viene gratuitamente a la cabeza. Necesita unos resortes, unas gotas a veces dulces y otras, amargas. No solo la realidad y la imaginación suministran ingredientes al escritor. Debe tener un apoyo y acicate a su ingenio personal. Creo que debe ser la lectura de autores sonoros y de alto vuelo quienes acudan en su auxilio cuando la estopa está seca y la aridez campea.
Sí. El escritor sabe de quimeras, de pasiones, furias, fuegos, amores, encantamientos, guerras, tiranías, desmayos, fatalidades, velas arriadas, apetitos frustrados, cóleras, tormentas y locuras. Todos estos elementos los encontrará vivos en libros, artículos, películas de autores importantes. En su fondo encontrará piedras fundamentales, oasis con aguas y palmeras, más el viento y las ganas que produce la búsqueda en prodigioso camino. Allí saciará su sed y acabará su aridez y vuelo rastrero.
Leer la vida, abrir la ventana de la luz de la luna, buscar gemas en el cofre de los libros será la solución para no caer en la insulsez y la medianía.
07-11-15 12:32 p.m.



