La ‘inteligencia’ no funciona
Por Alfonso Luna Geller
No se entiende por qué en Santander de Quilichao muchos ciudadanos comunes y corrientes, en las esquinas, parques y establecimientos públicos, sospechan, calculan, se imaginan, ‘huelen’, comentan, y hasta saben casi con certeza cuáles son las personas potencialmente víctimas de la extorsión que se ha generalizado, de un posible secuestro, de un atentado contra su vida o sus bienes, menos las autoridades de Policía y de las Fuerzas Militares o civiles con funciones oficiales de seguridad y vigilancia, porque los hechos estimados y las amenazas se han cumplido.
Los únicos que casi siempre son sorprendidos con los cotidianos casos de violencia y explosiones terroristas, son precisamente esos organismos. La ciudadanía ya sabe que la seguridad pública se está extinguiendo o que no está garantizada. Para cada hecho violento hay una coartada oficial aparentemente convincente, un traslado de las obligaciones a otros sectores: que no puede haber un policía por cada ciudadano, que se harán esfuerzos por traer más efectivos, que esperemos que de pronto se instala en el área un batallón de alta montaña; inclusive, se culpa al ciudadano inerme y sin protección pretendiendo que sea él quien ponga el pecho, que sea él quien denuncie y derechito, pase a la nómina de futuras víctimas, y listo; entonces, la responsabilidad búsquenla por otro lado.
Los procedimientos oficiales que apreciamos los ciudadanos siempre son los posteriores, ahí sí con inútil despliegue de fuerza, con cierre de vías para levantamiento de cadáveres, limpieza de escombros y trámites administrativos, en lo que sí hay gran habilidad. Así las cosas, por acá, la violencia y la inseguridad ciudadana siguen su ruta, cada día de mal en peor, entre otras razones, porque el enemigo sí conoce perfectamente las falencias oficiales y sus infructuosas reacciones, y las sabe ‘explotar’.
La supuesta seguridad y la aparente ‘inteligencia’ oficial, que son sagradamente pagadas con el bolsillo de cada ciudadano, al parecer, operan eficientemente en otras cosas. No demoran en convocar otro inservible consejo de seguridad para pedir disculpas, rechazar burocráticamente la violencia y reaccionar ante hechos cumplidos, en vez de prevenir, ser proactivos o previsivos y mantener un sistema de inteligencia eficiente y eficaz que pueda someter al terrorismo.
Si esta exigencia cívica es un imposible, y así parecen demostrarlo las evidencias, ¡apagá y vámonos!, como ya lo están haciendo muchos ciudadanos obligados, empresarios e industrias asentadas en esta otrora pacífica y próspera comarca, fomentando aún más las maniobras, generalmente inicuas, que el ejército de desocupados se tiene que inventar para mal-subsistir.
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