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Domingo, 4 de octubre de 2026

LA EDUCACIÓN EN EL POSCONFLICTO

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CREPITACIONES 2015

Nuestro persistente y constante presidente Juan Manuel Santos, sintetizó en tres palabras claves la esencia de su segundo mandato constitucional a partir del 7 de agosto de 2014: equidad, educación y paz. Estas tres palabras, algo muy “manoseadas y trilladas”, diríamos en el lenguaje coloquial, por ser siempre de uso cotidiano y popular en la jerga de los programas de gobiernos y administraciones anteriores, sin embargo en “esta ocasión única y feliz” como diría José Acevedo y Gómez el inolvidable “Tribuno del pueblo”, adquieren otra connotación especial, tienen otro vestido nuevo, otro ropaje, dotadas de un nuevo dinamismo social diferente, pues ahora estamos imbuidos los colombianos de bien, por la esperanza del posible fin del eterno conflicto armado que ha asolado a nuestra querida patria colombiana por más de 50 años (67 años, para ser más exactos, teniendo en cuenta el año de 1948, cuando fue asesinado el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán), merced a las conversaciones de La Habana, las cuales poco a poco van avanzando con paso firme y seguro, a pesar de las zancadillas, trampas, cargas de profundidad y miles de tropiezos que le están colocando los guerreristas y otros sectores retrógrados ya conocidos por la opinión pública.

Quizás una de esas tres palabras, EDUCACIÓN, ha sido en mi concepto personal la más usada, trajinada y vilipendiada, al mismo tiempo por los gobiernos de turno a través de la historia del conflicto, a la manera de un títere, el cual es manejado de manera caprichosa, merced a los vaivenes de sus caprichos personales, de sus egos envalentonados, apetencias electorales y partidistas, como una cuota más de sus ansias de poder politiquero, como una simple carta de naipe que es necesario barajar y poner a jugar así nomás, como si nada, desconociendo su real importancia y la realidad de un país ávido de una completa transformación en ese campo.

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Por lo anterior, la educación ha sido colocada en constante ebullición social, casi en la picota pública, debido a las constantes y prolongadas luchas del magisterio colombiano en pro de sus justas reivindicaciones sociales y laborales (mas no limosnas como las han manejado los gobiernos de turno), buscando siempre la DIGNIFICACIÓN DEL QUEHACER EDUCATIVO. Igualmente, siempre por temporadas y de acuerdo a los caprichos del respectivo ministerio oficial, se inventan políticas y proyectos con nombres exóticos y atrayentes (como por ejemplo la denominada jornada única y extendida de la actual ministra de Educación, Gina Parody y el programa PTA, “Todos a aprender”), no existiendo unidad de criterios que hagan posible una cohesión dinámica en ese aspecto, mostrando así una exagerada y preocupante improvisación en todo sentido, dejando todo al garete.

A grandes rasgos, lo comentado en los anteriores párrafos, son simples pinceladas de lo que ha sido nuestra educación a lo largo de la época aciaga de la violencia y el conflicto armado. Pero como decíamos en el párrafo introductorio, ahora existe otro ambiente propicio para grandes cambios. En virtud de lo que se avecina, ahora es posible vislumbrar con ojos de buen cubero, otro escenario propicio para nuestra educación, en el sentido de estar dentro del contexto posible del posconflicto, sabiendo que es urgente y necesario rescatar la verdadera esencia de la misma, mediante la concientización y la preparación de nuestros estudiantes en los aspectos humanos y sociales que hagan posible ahora sí LOS TEMAS VITALES DE LA VERDADERA CONVIVENCIA A LA COLOMBIANA, LOS VALORES VITALES DEL SER HUMANO, LA APLICACIÓN EN TODOS LOS NIVELES DUCATIVOS DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO (DIH), en fin, con asuntos y acciones que oxigenen nuestra identidad, plena de paz y concordia.

Para reafirmar o dicho antes, nada mejor que apoyarnos en una cita célebre del escritor Pablo Lipnizky, autor del libro “La Educación Prohibida”, cuando afirma: “TODO EL MUNDO HABLA DE PAZ, PERO NADIE EDUCA PARA LA PAZ. LA GENTE EDUCA PARA LA COMPETENCIA Y LA COMPETENCIA ES EL PRINCIPIO DE CUALQUIER GUERRA”. Teniendo en cuenta estas reflexiones, se me ocurre por ejemplo, convertir a nuestras sedes educativas en territorios de paz, en donde todas las actividades curriculares y extracurriculares tengan como proyectos centrales la paz, la convivencia y el perdón, temas que ahora se vislumbran tímidamente, pero que en la educación del posconflicto hay que incentivar en grado sumo, para que todos tengamos por fin “CIEN AÑOS DE PAZ Y FELICIDAD”, parodiando a Gabriel García Márquez.

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