La disolución de la guerra entre horizontes de paz


El posconflicto no es un tema nuevo en Colombia ni en el mundo. En el ámbito internacional, países con una economía emergente han logrado establecer acuerdos de paz entre sus gobiernos y los grupos subversivos presentes en sus territorios. Países como: Filipinas, Nepal, Nicaragua, Ruanda y Sudáfrica son solo algunos admirables ejemplos que nos demuestran que los problemas económicos y el nivel de desarrollo no son impedimento para lograr la paz.
Colombia tiene una historia muy sangrienta. Es un país con más de 200 años de guerra a sus espaldas, incontables casos de violación a los Derechos Humanos y numerosos atentados contra la infraestructura minero-energética del país hacen parte de los actos de la guerra colombiana.
De la larga lista de hechos violentos en el país, llama la atención la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19, el 6 de noviembre del año 1985. De igual manera, es necesario hacer referencia a los cerca de cinco mil casos de falsos positivos registrados en el período comprendido entre 2002 y 2008. La masacre de Bojayá atribuída a las FARC en el año 2012 también enlutó al país y a cientos de familias campesinas chocoanas.
Históricamente, Colombia ha intentado alcanzar acuerdos con diversas organizaciones ilegales, presentes en el territorio nacional. Durante el gobierno de César Gaviria (1990-1994) cinco grupos guerrilleros se desmovilizaron: M-19, Quintín Lame, Ejército Popular de Liberación, Partido Revolucionario de los Trabajadores y Corriente de Renovación Socialista. Por medio de acuerdos y tratados de paz se logró la reinserción de alrededor de cinco mil combatientes, quienes hicieron el respectivo proceso de dejación de armas, lo cual dio paso a la era del posconflicto en el país.
En esta ocasión, los colombianos tenemos unas expectativas muy altas en torno al documento que se firmó en Cartagena, el pasado lunes. El problema nace en el hecho de que muchos ciudadanos no han logrado comprender que todos somos parte del proceso de paz y que todos debemos ser partícipes de las decisiones que involucren una nueva construcción social y un cambio para el país.
Colombia se enfrenta al reto de afrontar el fin de una guerra. Tenemos la oportunidad de elegir entre deponer las armas y abrir paso a la paz, o continuar viviendo los hostigamientos y asesinatos por parte de la guerrilla más trascendental en la historia del país.
Los colombianos aún no confiamos en que el fin de la guerra y las buenas intenciones sí existen. Visionamos la idea de una nación en paz como una utopía. Por tal motivo, nos cuesta comprender que una persona que hizo todo un proceso de reintegración social, ha dejado de ser un guerrillero.
Está en nosotros decidir si recomponemos las marcas que ha dejado la guerra en el tejido social del país, o si simplemente seguimos en la cómoda posición de espectadores. Para liderar el posconflicto, debemos empezar por comprender que no sólo los excombatientes deben hacer un proceso de adaptación social. También nos corresponde a nosotros, los cerca de cincuenta millones de colombianos, tomar conciencia y ser partícipes de este proceso.
Con el posconflicto, debemos releer la historia de Colombia, borrar las líneas trágicas y reescribir todos los capítulos de la mano de la reconciliación y el perdón. La iniciativa se tomó desde la Habana, pero internamente quienes debemos liderar y velar por la correcta ejecución de lo pactado, somos nosotros. Todos debemos convertirnos en gestores de paz, desarrollo e igualdad.
Recordemos, que los miles de muertos que deja este conflicto son colombianos. Son colombianos los que visten de camuflado y botas negras, y se adentran en la selva para preparar las armas que durante 50 años han trazado un camino de sangre en el país. Son madres colombianas las que sufren la muerte de sus hijos, son esposas colombianas quienes lloran la pérdida de sus esposos, es Colombia toda la que ve cómo una guerra sin escrúpulos acaba con el desarrollo del país y con la tranquilidad de su población. Por todo esto y más, ¿no creen que es hora de decidir apostarle a la paz?



