MEDIOCRIDADES


El debate entre la señora Clinton y el señor Trump nos mostró al resto de los habitantes del mundo que el país más poderoso de la tierra va a quedar, inevitablemente, en manos o de una mediocre o de un ignorante y eso no deja de sonar maluco.
El señor Trump solo conoce una ecuación en la vida: la del signo $. Según él, no se puede hacer nada sin cobrar o sin aspirar a ganarse un dinero. Ayudarle a Japón o a Irán para que enderecen sus economías o su producción de uranio según Trump debe ser cotizado y cobrado.
Por eso tal vez reconoció, sin vergüenza alguna, que no le alquilaba apartamentos a los negros al comienzo de su carrera como urbanizador y que podía haber llamado “marranito” a Alicia Machado, porque era la reina de uno de sus concursos y podía explotarla y tratarla como le diera la gana porque se engordó.
La señora Clinton, con la suficiencia que da enfrentarse a un ignorante en materias políticas e internacionales, apenas usa la sonrisa compasiva para dar a entender que su rival es un loquito de ideas fijas y pretéritas, pero no parece tener alcance para tomarlo por los cuernos y doblegarlo con la sapiencia que debe tener después de 40 años de ejercicio político.
Ella sabe de los Estados Unidos y del mundo, (Trump solo sabe de México), pero no tiene una idea distinta a las que la rutina como esposa de un presidente o como secretaria de Estado aprendió a repetir, realizar o tolerar. Es decir usa el método de los mediocres, que muchas veces es más eficiente que la invención de los genios.
Volverlos a ver enfrentarse va a ser muy divertido porque ya Trump debe haber conseguido quien lo prepare mejor y la Clinton quien le de bríos a su sonrisa para que sea agresiva.
*********
Si quiere, escuche esta columna en la voz de su autor:



