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Martes, 6 de octubre de 2026
martes 14 junio, 2011 a las 10:53 pm
LA BRUJA, DEL LIBRO A LA TV Y A LA REALIDAD

viendotv.blogspot.com/
 

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

No bien arranca en TV la versión del libro La Bruja, -coca, política y demonio- de Germán Castro Caycedo, 1995, autor de Mi alma se la dejo al diablo y ya barre sintonía en Caracol en un horario inmejorable. Quien no haya leído la historia en su misma fuente y quien no sepa que tal libro mereció que el Senado se convirtiera casi en nefasta Inquisición, habrá empezado a ver retratada en las escenas a la sociedad colombiana a partir de 1975.

Flora Martínez, inusual estampa de bruja por su figura joven y su cara hermosa, Andrés Parra, en el papel de “Jaime Builes”, Natalia Jerez, Manuel José Chávez, Humberto Dorado, Vicky Hernández, María Cecilia Botero, garantizan la calidad de la representación con la dirección de Luis Alberto Restrepo. Noche a noche ellos van delineando el discurso y las insidias que ocurren día a día bajo techo y recorren los hilos de la política, la iglesia, el comercio, la industria, las concesiones y aprovechamientos y la intimidad de las familias y las instituciones.

– “Es una telenovela y no la realidad”, dirán algunos y se reirán de las componendas, las frases inocentonas que suelta el tragador de palillos, su frescura, su amor por los caballos y la voz gangosa con que habla el mafioso, aprendiz de gran señor. Va aceitando las manos de quienes contacta, va acomodando su truhanería con la palabrería de los finqueros, los políticos y la sofisticación de la clase adinerada. Es el personaje central con la ruana de arriero terciada que domina en las escenas familiares, en las fiestas, y hasta en los estrados más “altos” del Estado.

A su lado la pequeña bruja, instrumento a su medida, necesaria para expandir el imperio de la ordinariez, abrir caminos para sus negocios oscuros y penetrar el corazón de carne y arena movediza de la sociedad con los supuestos embrujamientos que ilusionan hasta a quienes detentan el poder. El brazo femenino -se nota-, su perfume, su instinto felino serán los ingredientes para doblegar a dueños de clubes, fincas, a gobernador, alcalde y alcanzar por fin el dominio en la región. Sin los rezos y sin la compañía de las mujeres a quienes regala zalamero y humilla en sus valores, no podría ir y venir mientras forma una corte de mandaderos y maletines mensajeros.

Castro Caicedo y su visión crítica aún está vigente. Su retrato social no está en sepia. Lo que nos muestra en el libro y en la telenovela está a full color en el país. Ni el Plan Colombia, ni las demás lacras fustigadas en la prensa y por la Fiscalía y wikiLeaks han tocado este flagelo, labor callada y aceitada a diario en todos los niveles. De ello solo está hablando esta novela valiente. La gran prensa está expectante y espera, seguramente, que por si misma estalle esta plaga. O que los gobiernos internacionalmente legalicen la actividad para que deje de ser un misterio, que todo ocurra por debajo de las mesas, azuzada por el perfume de reinas, camuflaje de emisarios y favorecedores anónimos.

14-06-11 – 11:22 a.m.
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