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Lunes, 19 de octubre de 2026

La apatía de la autoridad pública fomenta el reinado del terror

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La apatía de la autoridad pública fomenta el reinado del terror

Alfonso Luna Geller

 

La apatía de la autoridad pública fomenta el reinado del terror / Cuando el crimen se convierte en parte del paisaje cotidiano, cuando la muerte, el robo y el narcotráfico se naturalizan, la responsabilidad recae directamente en quienes tienen el deber de garantizar la seguridad ciudadana.

En Santander de Quilichao, cada día, los titulares se repiten con la misma crudeza: asesinatos, robos, atracos y la compraventa pública de estupefacientes.

Estos hechos, que deberían ser excepcionales, se han normalizado hasta el punto de que el paisaje urbano se ha transformado en un escenario de peligro y desesperanza, donde las autoridades, especialmente las de Policía, perdieron el control territorial y, en consecuencia, consienten que el crimen se convierta en cultura pública.

Una espiral de violencia imparable

A pesar de las constantes denuncias sobre los atracos y asesinatos que ocurren a diario en la variante de la vía Panamericana, la respuesta de las autoridades, por la evidencia, ha sido la inacción.

En lugar de frenar esta ola de violencia, los criminales actúan con descaro, sin temor a represalias, en una burla evidente a la institucionalidad.

La mañana del martes 4 de marzo, el grito de dolor de la comunidad se hizo aún más fuerte. Nilsa Morera Belalcázar, joven de aproximadamente 25 años, de Piendamó, que se desplazaba en una motocicleta XTZ 250, fue asesinada de un disparo por no detenerse ante el «pare» de unos delincuentes. Su vida fue arrebatada en cuestión de segundos, y su motocicleta, robada.

Las autoridades, armadas y supuestamente capacitadas para proteger a los ciudadanos, han demostrado ser ineficientes e ineficaces. Su inacción no solo permite que el crimen prolifere, sino que también fomenta la burla de los delincuentes hacia las instituciones.

La indignación de la comunidad no se ha hecho esperar: “Por Dios, que las autoridades hagan algo, ¿hasta cuándo tantas personas muertas?”, “Que el pueblo se una, hay que protestar”, son los clamores desesperados de una ciudadanía que se siente desprotegida y abandonada.

Un reguero de crímenes sin justicia

Pero este no es un hecho aislado. Dos días antes, el domingo 2 de marzo, en el barrio Lourdes, el señor José Yule fue atacado a tiros mientras conducía su motocicleta. Los delincuentes querían robársela. Gravemente herido, fue trasladado de urgencia al hospital local; su vida quedó marcada por la violencia.

Esa misma jornada, en la variante, cerca del sector conocido como El Mentiroso, el joven Juan Sebastián Romaña fue asesinado con arma de fuego, también para despojarlo de su motocicleta.

En otro hecho macabro, en el sector de Mandivá, fue hallado el cuerpo sin vida de una persona, víctima de la violencia desbordada que azota la región.

Estos crímenes son solo una pequeña muestra de lo que ocurre a diario en Santander de Quilichao.

La pregunta obligada es: ¿dónde están las autoridades?

¿Dónde están los organismos de control que deberían exigir el cumplimiento de los deberes de los servidores públicos?

¿Por qué no se toman medidas contundentes para recuperar el control territorial y garantizar la seguridad de los ciudadanos?

Las respuestas a estas preguntas son evasivas, y mientras tanto, la comunidad sigue sufriendo.

La seguridad es un derecho fundamental

No se puede permitir que la violencia sea la norma y la indiferencia oficial, la respuesta. Exigimos acciones concretas, estrategias reales de seguridad y la recuperación del territorio.

Las autoridades no pueden seguir evadiendo su responsabilidad mientras el pueblo sigue contando muertos.

En conclusión, la inseguridad en Santander de Quilichao no es un fenómeno casual ni inevitable. Es el resultado de la negligencia y la inacción de las autoridades.

La violencia se ha convertido en una realidad cotidiana, y la impunidad es la norma.

Los ciudadanos merecen vivir en paz, y es deber de las autoridades garantizar esa paz. Si no actúan de inmediato, no solo estarán fallando en su labor, sino que también serán cómplices de la barbarie que hoy azota a Santander de Quilichao.

El momento de actuar es ahora, antes de que más vidas sean truncadas por la indiferencia y la incompetencia.


 

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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