JOSE LOPEZ HURTADO*
Nadie, por supuesto, cree que el Gobernador del Cauca, haya tocado un sólo céntimo de los más de 16.000 millones de pesos del presupuesto departamental, plata de todos los caucanos, destinados a la salud y educación, que se perdieron en PROBOLSA. Así lo dijo la Procuraduría General de la Nación en fallo de segunda instancia, en el proceso disciplinario.
Pero otro asunto muy diferente es el juicio de responsabilidad fiscal que por éstos mismos hechos se encuentra adelantando la Contralora Sandra Morrelli, a quien le han sobrado los pantalones que les hicieron falta a sus antecesores varones en el cargo. Y particularmente a sus subalternos en las regiones, impedidos, algunos de ellos, moralmente, como el caso del Cauca, para hacer cualquier pronunciamiento sobre la escandalosa pérdida.
La valiente funcionaria nacional encargada del control de los dineros públicos, ha dicho en días pasados que irá hasta las últimas consecuencias para dar con los responsables del desangre que afectó al patrimonio de todos, en más de 100.000 millones de pesos, y que tienen que ver con regalías, con demandas perdidas por negligencia en contra del Estado, etc.
En el caso particular del Cauca, menciona sólo la pérdida de 8.000 millones -sobre los otros ocho mil que, se supone, debieron ser recuperados (¡) no se sabe nada-, por los malos manejos de las asignaciones a través del Sistema General de Participaciones en 2009.
Fuere una u otra cifra, lo cierto es que las gentes están esperando prontos resultados, de los que hasta ahora ha hecho gala la eficiente funcionaria. A ese ingrediente sicológico de desconfianza de las gentes, que genera todo lo que tenga que ver con el desafortunado destino de sus dineros, hacia el gobierno departamental, se suman los pésimos balances que muestra la región, no sólo en el asunto de la seguridad pública, sino también en el problema de una guerrilla que recupera espacios de los que había sido desalojada, además del fenómeno del desplazamiento creciente y con los peores índices que colocan al Cauca entre los últimos del país.
Esta fue otra administración perdida para los positivos intereses de la región, a pesar de los altos índices de confiabilidad que inspiró en sus inicios. Pero volviendo al tema fundamental, resulta forzoso que los caucanos sepan, por fin, qué pasó con esos dineros embolatados y de lo cual se supo apenas en diciembre de 2009. Lo menos que debe derivarse del ordenador del gasto público es una responsabilidad fiscal y política sobre el destino final de esos recursos.
Lástima que un hombre de los quilates morales e intelectuales del Ingeniero Guillermo Alberto González, de tan fecunda trayectoria, termine su vida pública de ésta manera, con el sol a sus espaldas, por la imposibilidad de su gobierno de superar los ancestrales escollos que han caracterizado a ésta deprimida región y agobiado por las investigaciones que se adelantan en su contra, sobre las que, como se ha dicho, se esperan las mas prontas definiciones, y cuyos pronunciamientos deberán ser respetados por todos, sin excepción. Este es uno de los casos que la “trasnochan” ha dicho La Contralora General. Sólo resolviéndolo podrá volver a conciliar el sueño.
*Analista Internacional, colombiano.
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