DOS ESTADOS UNIDOS POR EL MAL.

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Por: Jaime Cardenas
Las playas de Tel Aviv se anuncian como arena dorada, sol y fiesta. Las de Dubái se promocionan por su lujo, exclusividad y modernidad, con arena blanca y aguas turquesas del Golfo Pérsico. En los hoteles de las dos ciudades los ricos del mundo que las visitaban, los israelitas, y los habitantes de los Emiratos Árabes, veían en la televisión con satisfacción como se limpiaba Gaza, es decir, las noticias del genocidio del pueblo palestino. Para quienes siguen a los sionistas, los árabes de Gaza son menos que humanos, y a los jerarcas árabes les importa nada que se busque exterminarlos.
Hoy las dos ciudades son un infierno. En Tel Aviv la vida diaria en su rutina ha terminado. Las sirenas no tienen descanso. Y Dubái, el paraíso del capitalismo, de los mafiosos y las prepago, tampoco tiene tranquilidad, financieramente se ha venido a menos, no hay tranquilidad en ningún lugar de Israel o de los Emiratos Árabes, de los países del golfo pérsico. Los aliados de los Estados Unidos que pretendieron destruir a Irán hoy se encuentran asediados por su poder de fuego.
Estados Unidos les vendió a los árabes y les instaló a los sionistas un sistema de defensa que se dijo era infalible, inexpugnable. Los monarcas de los Emiratos, los árabes petroleros, lo compraron a precios exorbitantes, seguros de su tutela; los sionistas hicieron el cálculo de que protegidos por una tecnología tan portentosa podían continuar con su pretensión de construir el gran Israel, -puesto que son el pueblo elegido por Dios-, por tanto, Irán era el premio mayor.
El escudo de hierro, la honda de David, el sistema Arrow, que los gringos les dijeron les garantizaba que hagan lo que hagan podían dormir tranquilos, se ha derrumbado cual si fuera un castillo de naipes.
Irán se defendió inmediatamente fue atacado, decapitado su máximo dirigente político religioso, destruida parte de su armada y de su fuerza aérea, en seguida de que ocurre la masacre de las niñas del norte del país despliega su fuerza.
Primero fueron drones muy baratos y se fue ascendiendo para llegar a misiles hipersónicos que pueden variar el rumbo de su dirección en vuelo, un verdadero milagro de la ingeniería militar. Pero en realidad las cosas van más lejos, se trataba de una estrategia defensiva que abarca infinidad de aspectos, trazada con la paciencia de un ajedrecista que piensa cada jugada.
Los persas han jugado ajedrez desde hace milenios, han sido grandes militares como Ciro el grande, quien también fue un magnífico estadista. Fue él quien dictó en el siglo V. A.C. unas normas de convivencia para el vasto imperio en el que era su rey, que se conocen como el cilindro de Ciro, las que se tienen como el fundamento de los derechos humanos, de la tolerancia, de la multiculturalidad. Es que los persas han sido un pueblo culto, Avicena se tiene por uno de los grandes tratadistas de la medicina. Omar Jayam poeta de principios del primer milenio, quien además fue astrónomo, médico y filósofo, es poeta de todos los tiempos. Y hoy Irán cuenta con grandes universidades, en las cuales, para refutar toda esa propaganda colonialista, el 60% son mujeres que en su gran mayoría concurren sin su velo, el que occidente explota hasta la vulgaridad.
Cuando en junio del año pasado, encontrándose en conversaciones con Estados Unidos, los gringos lo atacaron por la espalda, en Irán sabían que volverían. Son parte del eje del mal, tal como fueron categorizados desde que en 1979 decidieron ser independientes; por ello, desde años atrás vienen preparándose para defenderse. Se trata de seguir existiendo como nación, como cultura, o de ser subyugados, de ser exterminados puesto que esa es la pretensión de Netanyahu, de Trump.
En su respuesta defensiva Irán atacó los radares de los Emiratos Árabes, de los países petroleros del golfo aliados de los Estados Unidos. Radares que costaron un dineral quedaron reducidos a escombros, por lo que los cielos de Israel y de los árabes aliados ya no eran de acero. Y destruyeron las bases militares de los gringos, los bombardearon, destruyeron los centros de informática, los buscaron, siguen buscando a los militares gringos que se esconden como despreciables roedores en los hoteles y madrigueras de lujo. Entretanto, Irán era bombardeada en su infraestructura, en sus centros de investigación como el instituto Pasteur, le bombardeaban sus universidades y más de 500 escuelas, y se mataba a miles de civiles.
Irán bombardeó la ciudadela adyacente a Dimona. Se sabe que Dimona es la central nuclear de Israel sobre la que el ente sionista ha mantenido silencio. Fue una advertencia, una forma de decirles que un lugar de esta importancia para Israel estaba al alcance de su fuego. Y les advirtieron a los Emiratos Árabes, a Arabia Saudita, que el agua que consumen viene de su desalinización, que se quedarían sin agua si se prestaban para que desde su territorio se bombardeara sus fuentes de agua potable.
Y de paso, Irán anunció el cierre del estrecho de Ormuz. (Los Hutíes no demoran en cerrar el estrecho de Bab el Mandeb que da al mar Rojo y que los petroleros árabes quieren utilizar para buscar una alternativa a la encerrona persa de su petróleo).
Con el cierre de Ormuz, Europa que termina aceptando el genocidio de los palestinos, que no condena la agresión contra Irán, se encuentra en una situación desesperada como quiera que el encarecimiento del petróleo golpea el costo de vida de sus ciudadanos, además reclaman el gas líquido que no les llega. Y en Asia se quejan de que no hay bolsas de basura, y los agricultores en Estados Unidos protestan porque la urea, los fertilizantes escasean, y en sus estaciones de gasolina este combustible es cada día más caro. Así se acabe la guerra el impacto en la economía global es un hecho irreversible. No fue Irán la nación que inició la guerra.
Es este 5 de abril un día propicio para ratificar nuestra adhesión al propósito del Sur global, de una gran cantidad de habitantes de este Sur, para que la humanidad construya una sociedad diferente a la que el capital ha creado. Desde que se enganchaban niños en las fábricas telares en Londres para trabajar 16 horas diarias hasta hoy que se los descuartiza en Gaza, el poder del capital solo ha dejado muerte y destrucción, tanto de vidas humanas como de la naturaleza, y al frente de esa cruzada, de la letalidad, – sustantivo que tanto le gusta a Hegseth-, se sitúa Estados Unidos.
Es posible que su dólar deje de ser el petrodólar, que los países árabes ya no negocien en esta moneda, que Europa pague su peaje en Ormuz en yuanes o en euros, que el imperio siga por la pendiente con más fuerza. Ningún imperio ha sido tan criminal, tan despiadado, tan poderoso e inhumano. Podemos advertir objetivamente que somos testigos de excepción de su derrota y de paso, de la paulatina extinción del artificial estado genocida de Israel.
Por fortuna. Luego de ver la vergüenza a la que llegó Venezuela, la moral de los pueblos del Sur tiene hoy una esperanza real en los guardianes de la revolución, en el noble pueblo iraní.
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