En el Perú se libra la Batalla de Ayacucho, último enfrentamiento importante entre los realistas y patriotas. Se asegura la independencia de América del Sur.
9 de diciembre de 1824: La independencia de los antiguos dominios europeos en Suramérica fue un proceso bastante complejo y que se desarrolló acorde con las condiciones sociales y políticas de cada región. Para la antigua Suramérica española el caso de la independencia del Perú fue de suma importancia. Gracias a los fuertes lazos políticos y económicos que guardaba este antiguo Virreinato con la metrópoli, el Perú se convirtió en un duro fortín realista desde el cual se podía emprender la reconquista de los países recientemente liberados de España. También para este fenómeno resulta fundamental mencionar las grandes rebeliones indígenas y mestizas que sucedieron a finales del siglo XVIII en el virreinato, movimientos cuya represión y alcance social mermaron el apoyo de la causa independentista entre los criollos y las clases favorecidas.
El 9 de diciembre de 1824 se plantaron cara a cara los ejércitos realista y patriota. El bando fiel a España se había organizado con la suficiente disciplina como para destrozar a varias expediciones patriotas que habían antecedido a las presentes ese día. Sin embargo, la campaña que habían emprendido los patriotas desde 1823 en los Andes terminó por reducir las tropas realistas y acabar con el mito de su carácter invencible. A lo anterior se suma el hecho primordial de la alianza planteada entre los ejércitos de Simón Bolívar y José de San Martín, cuyas tropas conjuntas afrontaron la batalla. El comandante patriota del enfrentamiento fue el general venezolano Antonio José de Sucre. Entre los héroes patriotas de la batalla también se destacó un general colombiano: José María Córdova.
La batalla de Ayacucho fue uno de los pocos enfrentamientos de las guerras de independencia que siguió las normas de la guerra de esa época: fue una batalla frontal, sin el recurso de emboscadas o tácticas guerrilleras. Desde luego que el decreto de fin de “Guerra a muerte” contribuyó a esta situación. Las fuerzas llegaron con cierto equilibrio en sus números: 8500 patriotas vs. 9310 realistas. Finalmente las deserciones entre los realistas y la acción de la caballería además de la artillería patriota terminaron por definir la batalla a favor del último bando. Los realistas, dirigidos por el virrey José de la Serna, se rindieron y procedieron a firmar una capitulación.
La victoria de los independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie, sellando la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú.
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