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Viernes, 2 de octubre de 2026

HOMENAJE EN LA CATEDRAL

HOMENAJE EN LA CATEDRAL - Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Víctor Pérez se tomó, como si fuera un M-19, la Catedral Primada de Bogotá. Al año exacto del fallecimiento de su mamá Silvia. El pintor postmoderno, aquel día colmó el interior de la iglesia, de rosas blancas los brazos de las bancas y fotos enormes de su madre, donde desde sus altas paredes hay oscuros cuadros con temas religiosos del artista colonial Vásquez Ceballos.

A las cuatro y media de la tarde, hora de la convocatoria a sus familiares, parientes y amigos, al terminar un cortejo matrimonial con novia vestida enteramente de blanco, se confundía este espectáculo de la “casa de Dios,” con el tropel del circo citadino, sobre la Plaza de Bolívar, un escenario de locura y suciedad en el que aparecía una estatua viva de soldado verde, sobre las gradas catedralicias invitando más a la guerra que a la paz.

Ventas de toda clase de cosas: fotógrafo con alpaca peruana para niños, discursos grabados gaitanistas oídos desde lejos. Carrito de frutas y alimentos. Mendigos harapientos, turistas asustados, caminando entre innumerables palomas comiendo maíz amarillo, revoloteando por todos los lados, que han convertido la gran explanada en porqueriza, donde el libertador Bolívar, observa desde su bronce con su recortada espada sin poder hacer nada para que por lo menos se limpien las sucias columnas del capitolio, manchadas no sólo por la mugre de los dolos de adentro sino también por los dolores de afuera.

HOMENAJE EN LA CATEDRAL - Armando Orozco Tovar

Qué no se ve en este espacio de abandono, locura, desaseo. Centro principal de una capital de un país en guerra, donde no se sabe donde principian las cosas, ni donde terminan. Se quitan lozas y ladrillos, puestos el día anterior, para remplazarlos después por otros de menos calidad. En medio del caos reinante del lugar se escucharon las notas lúgubres del violín de Federico Hoyos, interpretando la obra del compositor Francisco Zumaqué, compuesta para las cenizas de Silvia de Pérez.

Esto ocurría en el momento en que entraban los artistas convocados a la basílica con paso imperial, que después de escuchar el concierto para competir con las notas de sus versos, al Stradivarius del joven músico. El mismo plástico bogotano, cambió en largos minutos sus pinceles y espátulas por sus versos de amor filial, y finalmente los asistentes como buenos creyentes escucharon el Tedeum reglamentario.

Cuando se encendieron las luces urbanas de la locura, afuera continuaba el espectáculo circense. Al pintor a quien en poco tiempo le creció la barba a la manera talibana, puso punto final al convite. El cual seguiría por ser sábado a pocas cuadras del templo, dentro del establecimiento, donde en los treinta, se suicidara el caricaturista Rendón, con la libación de diez botellas de vino chileno, que en un santiamén, dejaron de ser sangre de Cristo.

Alegría de Pío. Lunes 24 de agosto de 2015. 5:15 a.m.

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