Homenaje a Iván Velasco, otra víctima del conflicto


Una conferencia, que hace parte del ciclo “Grandes aniversarios de la Historia”, está programada para el próximo jueves 2 de noviembre en Santander de Quilichao, dedicada a la obra socio-política del docente universitario y sociólogo quilichagueño Iván Velasco Pérez, quien fue asesinado el 26 de diciembre del 2001.
“En adelante no se tratará de recordar solamente el nombre de Iván, más bien, el reto será apropiarnos de sus preocupaciones y posturas para lograr que perdure la memoria frente al olvido”, reza la invitación al acto que se realizará en la Casa de Pedro, a partir de las 6 p.m.
Iván Velasco Pérez fue ultimado hace 16 años, aquel miércoles después del Día de Navidad, cuando se desplazaba en su Volkswagen blanco entre Jamundí y Cali, siendo aproximadamente las 10:00 de la noche. A unos 500 metros del cementerio metropolitano fue interceptado por varios hombres que le propinaron cinco disparos de pistola 9 m.m. causándole la muerte. El vehículo terminó estrellado contra un poste.
Quince años después de su asesinato, el 30 de noviembre de 2016, el Juzgado 15 Penal del Circuito de Cali dictó sentencia, al determinar que el homicidio fue perpetrado por integrantes del Bloque Calima de la AUC, Autodefensas Unidas de Colombia. En consecuencia, fue condenado como reo ausente, el jefe paramilitar José Vicente Castaño Gil a 31 años de prisión y al pago de 2.200 SMLMV, entre otras penas principales y accesorias.

Como se recordará, los paramilitares se establecieron en Santander de Quilichao ocupando predios de la vereda Lomitas, donde desempeñaban actividades políticas en aras de adquirir identidad ideológica y estructural, formaban su personal en estrategia y táctica militar, primeros auxilios, comunicaciones y obviamente, en el manejo de armas.
Iván Velasco fue otra de sus víctimas porque el objetivo primordial del accionar del Bloque Calima, comandado por Hebert Veloza García “H.H.”, quien le rendía cuentas a Castaño Gil, en este municipio era debilitar o desaparecer las estructuras subversivas, ocupar sus territorios y ejercer presencia y control en ellos. Iván por su trabajo social, académico y político fue declarado “objetivo militar” y señalado como ideólogo del grupo subversivo FARC.
Las investigaciones judiciales permitieron determinar que fue José María Reyes Guerrero, alias “Niño” o “Diego”, quien le hizo el seguimiento a Iván Velasco por orden del autor criminal Elkin Casarrubia, todo coordinado por el comandante urbano del paramilitarismo en Santander de Quilichao y Puerto Tejada, José de Jesús Pérez Jiménez, alias “Sancocho”.
José Vicente Castaño Gil, el jefe paramilitar condenado por el asesinato de Iván, conocido también por el alias de El Profe, es un narcotraficante de paradero incierto y se presume su muerte, si bien las autoridades colombianas tienen indicios de que sigue con vida.
Vicente Castaño es parte de la familia Castaño Gil, vinculada al paramilitarismo y al narcotráfico. Su hermano Carlos Castaño Gil fue el fundador y principal líder del grupo armado de extrema derecha conocido como las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Vicente está acusado además de ordenar el asesinato de su hermano Carlos, para que este no revelara la cooperación que existía entre los grupos narcotraficantes y los paramilitares, cuando había diálogos para la desmovilización.
No era un líder, era algo mejor: era un maestro

En enero de 2002, Jairo Castaño Moreno, siendo colaborador de Proclama del Cauca, escribió una crónica que vale la pena re-leer ad-portas del homenaje a Iván Velasco Pérez:
“Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción…” J.M. Serrat

Hace 22 años, una lluviosa noche de abril, untados de barro hasta el cuello y a punta de luz de velas, se llevó a cabo la reunión en el recién formado, a la brava, barrio El Porvenir.
La invitación fue sencilla: “vienen los muchachos del pueblo para hablarnos sobre organización comunitaria y ecología”.
Los muchachos eran Iván Velasco, Jairo Gironza y Rodrigo Velosa.
Ahí tuve el honor de conocer y volverme amigo de quien a partir de ése momento seguí llamando cariñosamente “Ivancho”.
Aquella noche percibí su natural capacidad para explicar y dejar satisfecho a un humilde auditorio, sobre los complejos temas del desarrollo social aunado al de la ecología.
Eran los primeros “enviones” que a nivel de trabajo comunitario ejercía, con el objetivo de ganar un espacio en el Concejo Municipal y representación de una recién creada organización denominada como G.E.S. o Grupo Ecológico de Santander.
Valga decir que sus frutos se dieron en el años 84 cuando Ivancho resultó elegido concejal.
El demócrata llegó al Foro y entre otros logros, sentó los pilares de lo que hoy es Emquilichao.
La calidez que producía su presencia, la sinceridad contenida en sus palabras, la visión humanista de los problemas sociales y su amor por esta tierra de Quilichao, lo convirtieron en el portaestandarte de la política de avanzada quilichagueña, que logró poner en marcha, aunque a medias, cual magnífico director de orquesta que siente con impotencia cómo algunos de sus mejores músicos desafinan a pesar de lo nítido de la partitura.
Ivancho tenía la batuta pero no los instrumentos, y pretendió tenerlos. Con esa idea aspiró a la Alcaldía en el 93. El colectivo popular, como suele suceder, no entendió su proyecto político; sus amigos maniobraban otros intereses y sólo le siguieron fieles sus discípulos.
Pero los reveses políticos no le amilanaban ni producían amargura; entre otras cosas, porque Ivancho era un hombre alegre, “copa brava” y de tiro largo, además, echador de cuentos.
En una ocasión, tomando trago en la desaparecida “Tertulia” con varios amigos, mientras sonaban discos de Milanés, Silvio Rodríguez o la Sossa, le pregunté si había leído el recién editado libro del escritor Dagoberto Salazar, “Sueños de Juventud”, y me respondió con humor: “Sí, y lo que más me gustó fue el extenso prólogo de nuestro amigo Alfonso Luna, donde sólo le faltó agregar que ponía a disposición del público en general, un completo surtido de herramientas, pinturas, accesorios y demás”. Nos reímos y disfrutamos.
Eran los tiempos de la alegre juventud, seres embriagados de vida sin tiempo para pensar en la muerte. Empero, los años pasan. Ivancho maduró y con él su pensamiento. Le mortificaban los efectos del narcotráfico, los hechos de violencia acontecidos últimamente en el municipio, el desastre de las políticas económicas neoliberales, asuntos estos que me los comentó hace algo más de un año una tarde de septiembre, aquí en el parque.
Iván Velasco sufría porque era un visionario, pero además, poseía una rara virtud otorgada sólo a espíritus superiores: no era un Líder, era algo mejor, era un Maestro.
Sé del profundo dolor que invade a su familia y allegados producido por el impacto de la tragedia. Sus amigos también sentimos la pérdida de ése ser humano especial.



