
El viejo refrán donde se habla de que a quien no quiere caldo le tocan dos tazas resulta aplicable para aquellos que consideran por lo menos atrevido el nombramiento de Alejandro Ordoñez y que así, junto con la mariscala Ilva Myriam, la ministra de Educación, en el gabinete tengamos a dos defensores acérrimos de Cristo Rey.
Yo no guardo prevención contra Ordoñez, aunque por sus decisiones jurídicas tuve que ir tres veces distintas a jurar ante el notario de Roldanillo para formalizar finalmente mi matrimonio. Pero el tener una personalidad recia, con la que se puede estar o no de acuerdo, es fundamental para poner orden en un gabinete de gobierno donde el comandante en jefe sacrifica el contenido de sus actos, vistiéndolos hasta de cristero mexicano de 1930.
Ordoñez es católico, apostólico y romano y seguidor del rito lefebriano, pero discutir o negociar con él se torna en batalla intelectual porque, a más de no desviarse de su línea de apreciación, sin acomodarse a quien lo enfrente, tiene suficiente dosis de humor para terminar carcajeándose.
El no se avergüenza por llevar un rosario en su bolsillo, pero sabe muy bien que es humano y, como persona y como funcionario público, puede equivocarse y la camándula no le sirve de escudo.
Esa actitud disgusta mucho, pero en un gobierno como el que preside Abelardo no solo será con la ministra de Educación la guardia pretoriana de Cristo Rey, sino la trinchera de la moralidad y honestidad que no tiene credo religioso para imponerse.
Dialogar y negociar con él podrá convertirse en una cátedra para los congresistas colombianos y un material explotable para caricaturistas y mamagallistas.
Ojalá todo sea en bien de la patria, que queremos verla marchando adelante y no solo fruto de la ambición del espectáculo que quieren a toda costa realizar Abelardo y su Rasputín, el barbudo Carlos Suárez.
Crónica 1462 de Gardeazábal https://youtu.be/n4-DLKtrJb8?utm_source=chatgpt.com
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