Primer Informe ONU Mujeres
Gloria Cepeda Vargas
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En el Primer Informe Mundial ONU Mujeres, Michel Bachelet alerta sobre la violencia perpetrada en el mundo contra la mujer. Denuncia la impunidad de la violencia sexual en Europa, donde sólo se sanciona el 14% de los delitos cometidos. Pide a los gobernantes del mundo que se tomen “medidas urgentes” para “acabar con las injusticias que hacen que las mujeres sigan siendo más pobres y menos poderosas que los hombres en todos los países del mundo”. Reconoce los avances logrados al respecto en las esferas pública y privada en el último siglo. Sin embargo “la discriminación y la injusticia por razón de género siguen siendo frecuentes alrededor del mundo”, dice en el estudio titulado “Progresos en el mundo de las mujeres: a la búsqueda de la justicia”. La violencia doméstica está tipificada como delito sólo en 125 países, hay todavía 603 millones de mujeres que viven en Estados que no la consideran punible y existen más de 2.600 millones de mujeres residentes en lugares donde la violación marital tampoco está criminalizada. Esto es apenas el esbozo de ese gigantesco hervidero que hace de la historia humana una recopilación de absurdos, perversidades e infantilismos casi imposibles de revertir.
Lo grave de este cáncer es la complejidad donde el instinto, en su más primitivo cariz, hace de las suyas. No hay nada más temible que la costumbre. Y lo es porque para imponerse no necesita ni de la sindéresis ni de la ética.
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Por eso vemos con indiferencia y hasta con aburrimiento los golpes inferidos a la indefensa cónyuge por el compañero borracho de alcohol o de soberbia, las violaciones sexuales y psicológicas perpetradas cotidianamente, la descalificación constante, la carga doméstica inmisericorde, el abandono y hasta las minusvalías espiritual e intelectual impuestas a la mujer por esas organizaciones político religiosas que desde los albores de la humanidad y en nombre de principios obligatorios para toda criatura humana digna de ser bien calificada, la prosternan ante la torpeza y suficiencia del varón. En ese caldo de cultivo donde proliferan bacterias letales y natas putrefactas, el “honor” tanto masculino como femenino, pone el toque maquiavélico y hasta ahora imbatible ya que estos animales territoriales que somos los seres humanos, nos resistimos a cambiar las reglas de un juego donde sólo ahora el contrincante empieza a mover las fichas.
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