ESE TUÍT QUE SUEÑA A TRINO DE PÁJARO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Ahora nacen nuevas palabras en cualquier idioma y se traen a nuestra lengua castellana. Una de ellas, que ya inunda el espacio es el twitter, que se pronuncia tuirer, cerrando un poco los dientes. Suena mucho a alguno de esos cantos de pájaros, como el copetón o el arrendajo o el arrogante mirlo. Los sonidos que emiten por su fino pico son cortos y vibrantes. Con ellos llaman los machos a las hembras y se comunican de árbol a árbol y entre los matorrales tupidos.
Ojalá muchas alondras, azulejos, pechiamarillos, petirrojos, cardenales y hasta loros nos alegraran las mañanas con sus trinos a la hora de levantarnos de la cama. Esos sonidos son armoniosos, salidos de gargantas puras y sin malas intenciones. Tienen la gracia de salir por entre un pico que se alimenta de gusanillos, insectos y diminutas gramíneas. Nacieron con la canción en su pentagrama desde el nido. No tuvieron que ir a la escuela ni un maestro sordo les enseñó la corta melodía. La Naturaleza dotó a las aves de ese don para llenar un poco más de música el firmamento, los valles, las cañadas y las arboledas.
Hoy la tecnología de las comunicaciones ha puesto en el mercado de móviles y celulares y iPods el campeón de los telegramas modernos. El ser humano está muy ocupado en diversos menesteres y no le queda tiempo para echar discursos largos, ni para leerlos. La moda es poseer y manejar una jerga mínima en los ghettos y comunidades.
Antes los intelectuales se jactaban de tener un amplio número de palabras para el uso cotidiano. Cuatro mil palabras era un promedio satisfactorio entre los escritores y dos mil entre universitarios y gente ilustrada. Pero parece que ha llegado la hora de comprimir tanta información y condensarla en mínimos espacios. ¿Para qué tantas palabras para expresar una idea? Álvarez Gardeazábal decía en una conferencia que en radio le habían probado su aptitud componiendo textos de 20 segundos.
Los jóvenes de barrios deprimidos, los parceros, hablan, por supuesto, utilizando un número superlimitado de fonemas para comunicarse. Ni siquiera son palabras completas o las usuales del idioma. Perfectamente pueden sobrevivir en su ambiente utilizando 20 o 30 constructos de medias palabras o símbolos fonéticos que ellos crean para sus pocas necesidades. En Messenger o en facebook vemos mensajes cortísimos, con abreviaturas hasta de la conjunción que. Se dice TQM, q, ok, ¿para qué más?
Así, el tuiteo, ese nuevo trino de nuestros equipos de mano y con escritura táctil, se nos coló en la conversación y la vida diaria. Ya no habrá columnas de una cuartilla, se acabaron las cartas de amor de cuatro páginas, no me imagino los guiones de las novelas dentro de cinco años. Ya he visto textos de un escritor conocido y muy allegado escribiendo cortas sentencias para tratar un tema. Seguramente está ensayando en su blackberry mientras le queda un minuto en sus ocupaciones para escribir con seso sus ideas para el exigente público de esta nueva era. Ya no se llama escribir, se llama trinar. ¿Qué dirán nuestras inocentes mirlas de esta imitación? Más parece el sonido de los torvos cuervos de Poe.
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