El silencio impuesto a las 20 Emisoras de Paz
abre una alarma nacional
El investigador y académico escribió a la ministra TIC, Alexandra Falla Zerrate, tras la suspensión de la programación de las Emisoras de Paz. Su carta coloca en el debate nacional la independencia de los medios públicos, la pluralidad informativa y el derecho de las regiones a conservar voces periodísticas propias.
Germán Rey lleva cuarenta años estudiando los medios de comunicación en Colombia. Si tuviera que escoger uno de los acontecimientos decisivos de ese recorrido, elegiría las Emisoras de Paz.
Lo escribió este 25 de agosto en una carta dirigida a la ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, MINTIC, Alexandra Falla Zerrate.
La comunicación aparece en un momento sensible para el periodismo colombiano. Las veinte emisoras creadas a partir del Acuerdo de Paz fueron obligadas a suspender su programación habitual y comenzaron a emitir música. Periodistas, trabajadores y comunidades quedaron a la espera de las decisiones que adopte el Gobierno sobre un sistema construido durante varios años en territorios castigados por el conflicto armado.
Rey observa esa decisión desde una preocupación que alcanza al conjunto del sistema periodístico. Su carta abre una discusión sobre el carácter público de los medios, la independencia editorial, la presencia de voces territoriales y la relación que debe existir entre el Gobierno y un sistema de comunicación financiado con recursos del Estado.
El asunto toca directamente la calidad de la democracia colombiana.
Veinte emisoras nacidas en territorios de guerra

Rey encuentra varias razones para considerar estas emisoras uno de los hechos relevantes de la comunicación colombiana reciente.
Su origen está en el Acuerdo de Paz de 2016, que incorporó la creación de emisoras dedicadas a la reconciliación. Colombia creó veinte estaciones y las ubicó en regiones que soportaron durante décadas desplazamientos, asesinatos, confinamientos, reclutamientos, combates y ausencia institucional.
La decisión reconoció a la comunicación como parte de la construcción de paz y permitió que diferentes gobiernos, desde Juan Manuel Santos hasta Gustavo Petro, participaran en su desarrollo.
Ese diseño convirtió a las emisoras en una experiencia particular dentro del sistema público colombiano.
Chaparral le mostró a Rey cómo funcionaba la idea

Germán Rey conoció directamente la primera de esas experiencias en Chaparral, Tolima.
Recuerda su organización, el compromiso del equipo, la relación con la comunidad y la creatividad de la programación.
Desde esa experiencia rechaza la descripción de estas frecuencias como instrumentos de adoctrinamiento. Las define como radios conectadas con sus audiencias, abiertas a la diversidad cultural y orientadas hacia espacios de reconciliación.
Ese punto resulta decisivo para la discusión actual.
Calificar una emisora como aparato ideológico abre la puerta a intervenirla desde criterios partidistas. Reconocerla como medio público obliga a examinar su trabajo, sus resultados, sus fallas, su independencia editorial y su relación con la ciudadanía.
Ese es el terreno que propone Germán Rey.
El silencio también produce información

La programación habitual desapareció y la música ocupó su lugar.
Ese cambio tiene un significado particular en territorios donde la radio conserva una presencia que difícilmente reemplazan otras plataformas.
Las emisoras regionales cuentan lo que ocurre cerca. Informan sobre una carretera cerrada, una creciente, una reunión campesina, una amenaza, una desaparición, una emergencia sanitaria, una decisión municipal o una movilización.
También registran historias que pocas veces llegan a los medios nacionales.
La centralización de una señal modifica esa relación. La comunidad continúa recibiendo sonido y pierde una parte de la información producida desde su propio territorio.
Rey reclama que cualquier evaluación tenga en cuenta la diversidad de las veinte experiencias, sus contextos regionales, la historia del conflicto en cada zona y la participación de jóvenes, mujeres, campesinos, empresarios y organizaciones locales.
La radio aparece así como una institución del territorio.
Los periodistas y las comunidades deben participar
Rey dirige otra consideración al Ministerio.
Las personas que trabajan en las emisoras poseen información indispensable para evaluar el proyecto. Han acumulado experiencias, aprendizajes, dificultades, relaciones con las audiencias y conocimiento de las regiones.
El futuro de estas emisoras enviará un mensaje al conjunto del periodismo colombiano. Cada decisión sobre sus equipos, sus contenidos y su autonomía revelará la relación que este Gobierno quiere construir con las voces públicas e independientes. Germán Rey ha advertido a tiempo sobre el alcance de esa decisión. El país deberá observar con atención lo que ocurra después.