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Gabo en anécdotas

Gabo en anécdotas
Gabo en anécdotas
Gabo en anécdotas
Crédito Imagen: https://centrogabo.org/
Donaldo Mendoza

    La anécdota fue un recurso del que Gabo solía echar mano, a fin de darles a las entrevistas un tono inédito. Vargas Llosa, que conversó tanto con él cuando escribía su tesis doctoral, dijo: “García Márquez es un semillero de anécdotas”. Pero Europa lo medía con filtro racionalista: «…los europeos me reprochan que no logro teorizar nada de lo que he escrito, porque cada vez que hacen una pregunta tengo que contestarles con una anécdota». Pues, para elaborar esta cuarta y última reseña, he seleccionado un grupo de esas anécdotas.

    Por los días de la entrega del premio Nobel (1982), ‘una afamada escritora sueca’ le hizo a Gabo este comentario: «Mientras en el mundo existan escritores como usted y haya músicos como los colombianos hay todavía esperanza de que no todo está perdido… yo, una escritora que vive en el más frío de los pueblos de este país, cuando me siento en casa a leer sus obras me reconforto con la humanidad, y créame que me siento en Macondo. Usted me ha hecho vivir, a todos los suecos nos ha hecho vivir, ¡viva Colombia».

    En El Mundo de Medellín, en entrevista publicada el 24 de abril de 1983, Gabo ilustraba sobre cómo el afán por la ‘chiva’ lleva a veces a publicar desaciertos: «El otro día, a las seis de la mañana, prendí el radio y estaban dando la noticia de que yo estaba en el aeropuerto en viaje para Popayán. Y todo el día dieron la noticia de que estuve en Popayán y que regresé. Y yo no he ido a Popayán. Ahora, me quedé tranquilo; tenía que ir a Popayán, pero ya fui. Y le dije a Mercedes: Mira, qué maravilla: ya no tengo que ir a Popayán».

    En conversación con un periodista cartagenero, 18 de marzo de 1991, Gabo contó una graciosa anécdota: …Amaury Martelo, el portero cómplice que le abría la puerta, todas las noches, rompió su discreción y le regaló un poema. Se lo contaba a todo mundo, sin dejar de sonreír. Y lo recitaba de memoria:

“Un poema pa’ Gabriel
me acaba de fluir
por hacerme bien sentir
al sus libros yo leer.

Y para mí es un gran placer
cerca de mí verlo pasar
saludando con humildad
a la gente por doquier.

¡Viva el escritor de
Cien años de soledad!”
».

    En entrevista para la revista Coralibe de Barranquilla, agosto de 1991, Gabo dio rienda suelta a su debilidad por el vallenato: «Cuando Escalona compuso La Vieja Sara, estábamos en una parranda. Rafael no alcanzó a terminarla, porque se la silbó a un acordeonero que estaba por ahí. El tipo agarró música y letra de una sola oída. Fue un viernes o sábado de carnaval. Cuando la parranda se terminó, Escalona iba de Villanueva para Valledupar. En el camino tuvo un accidente. Una cosa leve, pero que lo obligó a suspender la parranda de los carnavales. El tipo a quien él silbó la canción comenzó a regarla y fue el éxito de las fiestas, en toda la provincia. Cuando Escalona se levantó, ya la canción se le había ido de las manos, ya no tenía control sobre ella, ya estaba en todas partes, y él, que trató de efectuarle algunas correcciones, no pudo hacerlo porque los acordeoneros no le paraban bolas sino a la versión inicial».

    Esto confesó Gabo en una entrevista en México, mayo 6 de 1996: «Precisamente, como siempre trato de escribir para todas las creencias, le pido al astrologo Mauricio Puerta la carta astral de Pablo Escobar, que tenía de nacimiento la peor conjunción. En la época en que se entregó parecía no tener sino tres caminos: la cárcel, el hospital y la muerte. Había un cuarto camino, que en su caso era inimaginable: el convento. Pero cuando se escapó ya no tenía caminos de regreso de acuerdo con su carta astral, porque entonces su tendencia predominante era la muerte súbita».

    En El Colombiano de Medellín, septiembre 8 de 1996, Jaime García Márquez se refirió a los poderes premonitorios de su hermano Gabito: «Lo que más le sorprende a su hermano Jaime es la capacidad que tiene para visionar lo que quiere: “Cuando pasaba a limpio su primera novela, La Hojarasca, le oí decir: ‘Escribiré una novela que será más leída que el Quijote’. Así ha sido siempre, con una voluntad a toda prueba. Tiene además una intuición sobrenatural”».

    Gabo fue siempre cauto en hacer juicios de valor cuando le preguntaban por escritores jóvenes; en cierta ocasión le preguntaron: ¿Cuál es el mejor escritor colombiano? Dijo: –¿Andrés Landeros?

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Donaldo Mendoza

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