En lugar de envidiar, actúe
Cuentan que el mensajero de una empresa, preocupado por su situación salarial, decidió ir directamente ante el gerente para explicarle su problema. Su queja consistía en que el nuevo mensajero, que recién llegaba a la empresa, había recibido un incremento salarial a los tres meses de su ingreso, en tanto que el salario suyo estaba estancado desde hacía un año.
-No entiendo qué pasa conmigo, doctor- le dijo, al finalizar su reclamo.
Unos minutos después, el gerente hizo una pausa y le dijo al muchacho:
-¿Escucha ese alboroto que viene de afuera?
El chico afirmó con la cabeza y luego recibió esta instrucción del gerente:
-¿Por qué no se asoma a la ventana y ve lo que pasa?
Al regreso, el muchacho declaró:
-Sólo es un camión que se está cuadrando abajo.
El gerente lo escuchó en silencio y enseguida hizo llamar al nuevo mensajero, al cual le formuló la misma pregunta. Éste fue a la ventana, miró hacia afuera y regresó con la siguiente noticia:
-Es un camión con placa de Boyacá que generalmente viene a descargar unos bultos de papa en la tienda El Porvenir, aquí abajo, y como está obstruyendo el tránsito vehicular mientras se estaciona, el chofer de taxi, y el de una ambulancia, que viene con prisa, están pitando como locos para que les despeje el camino. El chofer se ha bajado del camión y en estos momentos está discutiendo con los taxistas, mientras sus ayudantes se aprestan a descargar la mercancía que traen.
El gerente miró al reclamante y le dijo:
-¿Ahora entiende por qué este empleado ha merecido un aumento de sueldo?
COLETILLA: Muchas empresas están plagadas de gente que trabaja con desgana. La mala voluntad para hacer lo que les corresponde, y un poco más, se convierte en «modelo» de incompetencia laboral. Son los ineptos, los que creen que deben ser tenidos en cuenta cuando su voluntad lo indica, sin acumular para ello los méritos suficientes. Esta parábola, dedicada con deferencia a quienes sienten envidia frente a otros que progresan merced a sus méritos, los invita a volverse cada día más eficientes. Los exhorta, además, a hacer más por ellos en lugar de sufrir porque los demás avanzan exitosamente.
Claro, al otro lado están también los empleadores «chupasangre»; los que explotan inmisericordemente a sus trabajadores, y, además, les prodigan un trato indigno y cruel. También ellos merecen un llamado de atención. No es con el imperio del garrote como los trabajadores van a querer entregarse a fondo, por el crecimiento de la empresa.
Bien se dice que es más cautivante una gota de miel, que una gota de hiel.
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