EN BROMA Y EN SERIO


MARCO: —Rodrigo, siempre he pensado que usted es un extraterrestre. Su última columna me lo confirma. ¿Cómo vive y cómo piensa un extraterrestre? ¿Qué quieren y qué aspiran?…. Tal vez me remita a sus columnas para encontrar las respuestas, pero sería bueno que nos contara…
RODRIGO: —Un extraterrestre, un disconforme con la mundanidad y su caterva de significados múltiples o pocos, enajenados y enajenantes… Ponemos freno a todo ritmo, ritual, creencia convencional y normatividad del día, el honor, la ganancia y la pérdida. Despreciamos estallidos de aplausos y legitimaciones de la razón. Abrimos la puerta a lo imprevisible y desconocido. Damos cauce a lo perdido, a las búsquedas indefinibles, no contextualizadas en remedos de la «realidad». Oímos allende toda cordura terrenal, escuchamos el desliz intuitivo del espíritu, oráculo múltiple a las voces de lo Otro, camino entre adivinaciones metafísicas de lo imponderable. Tratamos de redondear eso que los demás llaman «el alma», vocablo negro para cierta nada, inconsistencia del lenguaje arbitrario en las playas de este mundo. Somos reserva extraña, camuflada entre suspicacias y dubitaciones eternas. Ante todo, buscamos Certezas, no abrebocas para la Fe, inútil inconsistencia que sólo llena de viento la felicidad conforme. Sin pautas, pautamos nuestro propio mapa; el camino sidéreo nos guía… Aviones de silencios extraviantes, sin duda; no convidamos a nadie en este viaje; se pierde la ruta, se extravían el apetito vulgar de los medidores sociales, el tiempo y el espacio, la cultura, la afiliación política y religiosidad de las multitudes, la brújula que busca el norte finito y el sur locuaz, el compromiso con los avatares entre el nacimiento y la muerte, la longitud de onda que ata a este mundo, el solaz y los reconocimientos, las medallas, honores y estipendios… Etc., etc., etc.
Miramos hacia adentro, no hacia afuera. Y poco a poco vamos desapareciendo; la nave nos lleva a un espacio, una soledad indefinible… donde el nombre ya no cuenta.
M: — ¿Debo entender que los extraterrestres son seres «de conciencia pura», ajenos a las sombras de los vicios y sus goces? ¿Seres de mente, conocimiento y conciencia que se proyectan a la inmortalidad en las virtudes del espíritu? ¿O sea que nada tienen de golfos, libertinos o depravados? ¿Debo entender que los seres humanos nos diferenciamos de los extraterrestres a simple vista porque somos egocéntricos, granujas, truhanes, sinvergüenzas, holgazanes, libertinos, vagos, vividores, depredadores, degenerados, monstruos, sin valores, crueles, viles, perversos? Mmmm.
R: —Veo que lo toma muy en serio. Un «extraterrestre», prefiere que no se lo compare o confunda con nada; ni con truhanes ni con santos; no nos interesan las categorías corrientes, vamos a la deriva en un sendero sujeto a nuestras propias limitaciones, no a las aceptadas por la moralidad común ni por el estatus social establecido. Ya lo dijo Nietzsche, recordando a Píndaro: «Ni por mar ni por tierra encontrarás el camino que lleva a los hiperbóreos; sabemos hasta qué punto vivimos aparte». Pero a pesar de nuestras propias «ilimitaciones», es vergonzoso tratar esto en público; no debe hacerse, so pena de estar representando una mascarada ridícula más en la ya demasiado cargada trama de la existencia; y eso, entonces, hace que cerremos la ventana de vuelos extraviantes ahora y siempre, para que los demás no encuentren el camino que los perdería en el asombro.
RVQ
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