Entrega 1 de 3. El territorio.

Por: Guido Germán Hurtado Vera.
Historiador y politólogo.
Introducción
Este texto es el resultado de 30 años tratando de entender por qué un departamento tan rico es tan pobre. Lo escribo como historiador y como caucano y quilichagüeño. Con base en datos oficiales del DANE, UNODC, Ministerio de Defensa, Indepaz, DNP y Contraloría, demuestro que el Cauca no funciona como un solo departamento, sino como siete territorios distintos con siete retrasos distintos.
La tesis es una sola y está encadenada en tres entregas: el territorio roto genera el vacío; el vacío lo llena la economía de la guerra; y la planeación fragmentada por identidades impide que el Estado vuelva a llenar ese vacío con acueductos, vías y universidades. No se puede entender la guerra sin entender el territorio, y no se puede entender por qué no arreglamos ni el territorio ni la guerra sin examinar el problemático reconocimiento de las identidades.
EL TERRITORIO: SIETE SUBREGIONES Y UN PUEBLO GRANDE
El Cauca es el único departamento de Colombia que es a la vez andino, pacífico y amazónico. En sus 29.308 kilómetros cuadrados transita desde el nivel del mar hasta los 5.780 metros de altitud en el volcán Puracé. Aquí nacen cuatro de los grandes ríos del país: Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá. Contamos con el Parque Arqueológico de Tierradentro (Patrimonio de la Humanidad), la isla Gorgona, páramos, selva, el desierto del Patía y costa marítima.
Es el departamento más diverso de Colombia. Según el Censo DANE 2018, somos el segundo departamento con mayor población indígena (con 11 pueblos, entre ellos Nasa, Misak, Yanacona y Kokonuko) y el segundo con mayor población afrodescendiente (21,5%). Ningún otro departamento reúne a la vez una universidad bicentenaria, resguardos indígenas, consejos comunitarios, zona franca industrial y territorio colectivo en el Pacífico.
En agricultura somos despensa: café especial del Macizo, caña en el Norte, aguacate Hass en el Centro, arroz en el Patía y riqueza pesquera y coco en la Costa.
Todo esto hace más dolorosa la paradoja: con semejante riqueza, ¿por qué el Cauca registra uno de los índices de pobreza monetaria más altos del occidente colombiano y un Índice de Desarrollo Humano (IDH) por debajo del promedio nacional?
Porque esa riqueza no está integrada en un solo Cauca. Está fragmentada en siete territorios distintos a los que obligamos a convivir bajo una misma estructura administrativa.
Administrativamente nos dividimos en siete subregiones: Centro, Norte, Sur, Oriente, Macizo, Pacífico y Bota Caucana, que suman 42 municipios. Sin embargo, según el IGAC y la propia Gobernación, estas subregiones no gobiernan: carecen de presupuesto propio y de autonomía. Son figuras cartográficas, no entidades administrativas territoriales.
Las cifras lo confirman. De acuerdo con el estudio de desempeño subregional de la Universidad del Valle (con datos 2015-2017), dos subregiones generan el 82% del valor agregado del departamento: el Norte (43%) y el Centro (39%). Las otras cinco (Pacífico, Bota Caucana, Macizo, Oriente y Sur) generan en conjunto apenas el 18%.
La radiografía con datos oficiales del DANE es contundente:
Subregión Centro: Concentra 610.129 habitantes (40,9% de la población del Cauca según DANE 2020). Presenta la menor tasa de ruralidad y la mayor conectividad por la vía Panamericana, albergando la sede universitaria y la administración departamental. Solo Popayán genera el 27,3% de todo el valor agregado del departamento.
Subregión Norte: Comprende 13 municipios y cerca de 320.000 habitantes. Allí se asienta la mayor parte de la población afrodescendiente y el polo industrial derivado de la Ley Páez de 1995. Según el Indicador de Importancia Económica Municipal del DANE, Caloto genera el 11,3% del PIB del Cauca; Santander de Quilichao, el 9,6%; Puerto Tejada, el 5,1%; Villa Rica, el 1,0%; y Guachené, el 0,6%. Un solo municipio, Caloto, por su zona franca, genera más valor agregado que Puerto Tejada, Villa Rica y Guachené juntos, y supera a Santander de Quilichao, la capital comercial del Norte. Es un polo industrial de enclave, no un territorio integrado.
Dos municipios -Popayán (27,3%) y Caloto (11,3%)- generan el 38,6% de la riqueza del Cauca. Dos frente a cuarenta.
El resto del departamento muestra la realidad opuesta:
Subregión del Macizo: Donde nace el agua de Colombia, cuenta con 7 municipios y cerca de 100.000 habitantes. Según el Plan Vial Departamental, dispone de apenas 77 kilómetros de vías pavimentadas y aporta el 3,5% al valor agregado.
Subregión Oriente: Con Inzá, Páez y Totoró, suma cerca de 70.000 habitantes, custodia Tierradentro y está comercialmente más conectada con La Plata (Huila) que con Popayán. Aporta el 2,8%.
Subregión del Pacífico: Con Guapi, Timbiquí y López de Micay, reúne cerca de 70.000 habitantes y no tiene un solo kilómetro de carretera que la conecte con Popayán. Cada municipio aporta 1,3%, 0,7% y 0,7% respectivamente (menos del 3% en conjunto) y registran un índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) superior al 60%, el más alto del departamento.
La Bota Caucana: Con Piamonte, Santa Rosa y San Sebastián, cuenta con cerca de 25.000 habitantes. Es Amazonía y orbita económica y socialmente hacia Mocoa y Pitalito antes que hacia Popayán. Dispone de 47 kilómetros de vías. Allí se ubica Florencia, con el menor aporte de todo el Cauca: 0,2% del valor agregado. Popayán produce 136 veces más que Florencia.
Para dimensionar la brecha, al estimar el PIB por habitante a partir del PIB departamental de 2023 (28,3 billones de pesos según el DANE):
Centro: 39% de 28,3 billones = $11,03 billones / 610.129 hab. = $18,0 millones/hab. (Cálculo estimado a partir de la distribución del valor agregado municipal reportado por el DANE).
Norte: 43% de 28,3 billones = $12,16 billones / 320.000 hab. = $38,0 millones/hab.
Resto (Macizo, Oriente, Pacífico, Sur y Bota): 18% de 28,3 billones = $5,09 billones / 550.000 hab. = $9,2 millones/hab.
El promedio departamental es de $18,2 millones por habitante (DANE 2023). El Norte duplica la media departamental, el Centro se sitúa en el promedio, y las otras cinco subregiones apenas alcanzan la mitad de ese promedio. Siete territorios, siete ritmos de desarrollo desarticulados. Las estadísticas oficiales nos promedian como si fuéramos una unidad homogénea.
Dos municipios pesan más que veinte municipios del Pacífico, la Bota, el Macizo, el Oriente y el Sur juntos.
Aquí es necesario un reconocimiento justo y una crítica profunda.
Hay que reconocer que la élite payanesa conservó lo que pudo: la Universidad del Cauca desde 1827, el Archivo Central y la tradición de la Semana Santa. Conservar en un país propenso a la destrucción es un mérito histórico. Sin embargo, como documentó el sociólogo Álvaro Guzmán Barney (Universidad del Valle), esa élite no realizó la transición de aristocracia rentista colonial a burguesía empresarial moderna: vivió de la renta de la tierra y del cargo público, no de la innovación ni de la transformación productiva.
La élite industrial del Norte, surgida al amparo de la Ley Páez, representa el fenómeno opuesto pero igualmente limitado. Si bien genera el 43% del valor agregado y el empleo formal, opera como una élite de enclave. Produce en el Cauca con un endeble arraigo territorial: según datos de la Cámara de Comercio del Cauca, de cada 100 pesos que genera la zona franca, 78 se compran por fuera del departamento.
El departamento quedó atrapado en el medio: entre una élite tradicional que conserva, pero no incluye, y una élite industrial que produce, pero no arraiga.
La prueba más clara de este centralismo sin proyecto territorial es Popayán. Concentra el 27,3% del valor agregado y su presupuesto municipal supera los 700 mil millones de pesos anuales (sumado a la inversión directa de la Gobernación en su sede). No obstante, según el DANE y el Ministerio de Comercio, su estructura económica es marcadamente asistencialista y burocrática: la administración pública, la educación y la salud representan el 23,6% del empleo total. Popayán funciona como una capital burocrática que administra la fragilidad de la periferia en lugar de liderar su integración productiva.
En la próxima entrega: La economía que ocupa el vacío. Con datos de UNODC y MinDefensa demostraremos cómo la ilegalidad mueve 11,43 billones de pesos al año -siete veces el presupuesto de la Gobernación- y por qué el mapa del conflicto coincide exactamente con el mapa del abandono estatal.