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sábado 25 enero, 2014 a las 8:06 am

El reto de las humanidades

Humanidades
Mateo
Mateo Salas Gallego
[email protected]

“…las humanidades pretenden desarrollar la capacidad crítica del análisis, la curiosidad que no respeta dogmas ni ocultamientos…”

Savater

No sólo en nuestro país, España, sino en todo el planeta, los estudiantes se ven abocados a reflexionar para sacudirse de los estereotipos tradicionales, los aferrados prejuicios sociales y las convenciones sociales y culturales que impiden ser auténticos.

Porque es evidente que los dogmas aplastan, impiden alcanzar saberes y buscar la verdad.

Allí es donde debe participar de manera activa la educación, suscitando en los jóvenes preguntas y cuestionamientos, pues no de otra manera se motiva a la juventud a descubrir otras fronteras en todas las ciencias y disciplinas de la mente.

Con la pasividad intelectual y la complacencia de la tradición no se llega a ninguna parte, antes por el contrario, se retrocede, y los países necesitan impulsar el desarrollo.

Por eso mismo es necesario romper lo sagrado, lo intocable, lo venerable, y tantear en los espacios donde las preguntas no han sido formuladas, despertando la desobediencia y la indocilidad científica para rejuvenecer y remozar conceptos en todos los órdenes de los saberes humanos.

Si por instinto los seres humanos apelamos a la curiosidad, ¿por qué no animarla como un propósito institucional?

Libertad, igualdad, fraternidad no deben ser premisas canceladas, en ellas hay bondad, solidaridad y amor, de otra forma la vida se torna en existencia aborregada, registrada como en los panópticos, donde hasta el tiempo se reparte como una medicina.

Vivimos como autómatas, en urbes donde no se nota el control, pero ahí está, ejerciendo su poder de adocenar, de fiscalizar y vigilar.

Incluso en las sociedades contemporáneas se gradúa lo que la persona debe creer, cómo debe sentir, cómo debe gritar en los deportes masivos y hasta cuándo y cómo debe asistir al profesional de la sicología para acomodar sus cargas mentales.

Hospitales, centros educativos, instituciones, ayuntamientos, centros comerciales, estadios, bancos, juzgados, instituciones públicas y privadas, diseñadas por accidentes, o por científicos bien pagados y entendidos, amansan, domestican y amaestran, para que los seres humanos se conviertan en “miembros productivos de la sociedad”.

Jefes, directores, docentes, autoridades y conductores espirituales, te califican, te dicen cuáles son las alarmas y donde están ubicadas socialmente.

Hacer otra cosa, salirse de lo programado, obrar de manera distinta, conlleva sanciones y exclusiones. Hombres y mujeres aturdidos por un sistema que no estimula libremente, que somete a las personas a cernideros y coladores como si fueran cosas.

Hasta las recompensas, los contratos de los modernos esclavos asalariados, las felicitaciones, la vida consumista, los títulos y credenciales que no contribuyen a transformar a las comunidades sino a incrementar el prestigio personal, la bonanza económica y hasta la disciplina, terminan creando frustraciones que se manifiestan en los rostros y conversaciones de quienes presumen vivir en libertad.

Todo se torna caótico, confuso y muchas veces perverso, porque la ciencia, la economía y las instituciones, tal como se conciben en las sociedades humanas, terminan deshumanizándolas, sin coherencia espiritual y moral, sin ética salvadora y sin funciones redentoras, espacios donde las humanidades deben ingresar con la presencia sensible y mediadora del Estado para humanizar el desarrollo y darle alegría y sentido terrenal a la vida.

Lanzarote, España, enero 24 de 2014

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