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Miércoles, 7 de octubre de 2026
lunes 27 junio, 2011 a las 8:23 pm

El hermano del Presidente

Gloria Cepeda Vargas

Ante la inexplicada ausencia del Presidente de la República y el subsiguiente vacío de poder que esta situación produce en el país, Adán Coromoto Chávez, hermano del Presidente e integrante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), pone las cartas sobre la mesa. En declaraciones aparecidas en “El Nacional” del lunes 27 de junio, dice: “Nuestro proceso bolivariano se inició en esta etapa bicentenaria por la vía electoral y queremos seguir por allí, por una vía pacífica que permita construir el socialismo bolivariano, pero conscientes de los peligros que nos acechan y seguros de que el enemigo no descansa, no podemos olvidar otros métodos de lucha”. Para citar a continuación las palabras del Ché Guevara: “Sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver otros métodos, incluso la lucha armada, para obtener el poder”.

Durante los doce años de gobierno chavista, la sociedad y el mundo han asistido -impotente la primera, lejano el segundo- al derrumbe de la democracia y al deterioro de la calidad de vida en Venezuela.

Con el argumento de una revolución socialista que pondrá fin a los desmanes oligárquicos de la IV República y de todos los regímenes que la antecedieron, Chávez y su camarilla esgrimen una política de tierra arrasada. Ciegos y torpes, intentan resucitar un sistema político que por inoperante hace tiempo desapareció de las expectativas del planeta. “Expropian” e insultan a ritmo desenfrenado. Arremeten con torpeza contra todo lo que representa empresa o capital privado inmolando un pueblo polarizado de manera irracional y por lo tanto debilitado, en aras de la arrogancia y corrupción que permean todas las instancias estatales.

Ahora Chávez desaparece sin dar explicaciones. Es como si Venezuela fuera un feudo de su propiedad y de su familia. Como es natural, esta situación ha levantado un tsunami de rumores. Corrillos cotidianos, reuniones familiares y de trabajo, telefonemas y hasta fugaces encuentros callejeros, son un hervidero. Ni siquiera los medios de comunicación saben dónde están parados ante el mutismo del Estado. Esta situación que parece extraída de la historia de la Venezuela que irrumpía en Miraflores a machete y espuela limpios, corresponde nada más y nada menos, que a los “logros” del moderno Socialismo del siglo XXI.

Dicen que todo es progresivo y el asalto y rapiña que empezaron en Venezuela con las elecciones presidenciales de hace más de doce años, crecieron tan impunemente que a sus autores no les importa ahora quitarse el antifaz.

Que en pleno siglo XXI, con tantas etapas quemadas, tanto papel escrito, tantas cumbres presidenciales, tantos acuerdos internacionales vigentes, tanto bla, bla y tanta noticia inocultable, Adán Chávez se atreva a señalar la lucha armada como recurso lícito para hacerse al poder y que lo haga con la desvergüenza que la violación inveterada e impune dan al profanador, delante de micrófonos, audiencias o periodistas nacionales y foráneos, es de una gravedad impredecible.

Es inútil clamar en el desierto. Venezuela, el “bravo pueblo que el yugo lanzó” ni es bravo ni se despojó de dogal alguno. Porque es insólito que en sólo doce años la razón haya cedido ante la arremetida del instinto. Incomprensible que este tanque de guerra, ciego como un topo y voluminoso como un elefante, se lleve por delante la institucionalidad construida con tanto esfuerzo sin que ni adentro ni afuera el derecho ciudadano vuelva por sus fueros. Las palabras del hermano del presidente lo dicen todo.
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