El ganador debe esperar la proclamación oficial

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Claro que la democracia duele cuando gana el contrario, pero no esperamos ni vencedores violentos ni derrotados incendiarios. Un país dividido debe aprender a convivir.
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Abelardo resultó ganador en las elecciones de este domingo. No me alegró, pero lo acepto como una decisión popular tomada en unas elecciones realizadas en interesante convivencia cívica. Esperemos los resultados de los escrutinios que es la instancia legítima para proclamar al presidente electo de Colombia 2026-2030.
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Colombia acudió este domingo a las urnas y lo hizo, en términos generales, dentro de una jornada marcada por la convivencia cívica.
Millones de ciudadanos expresaron libremente su voluntad y entregaron al país una decisión que debe ser recibida con serenidad, respeto institucional y sentido democrático.
A las 20:30 horas, como decimos quienes alguna vez portamos un uniforme oficial, la Registraduría Nacional del Estado Civil informaba resultados correspondientes a equivalentes al 99,99 % del preconteo.
Iván Cepeda Castro y Aída Marina Quilcué Vivas obtenían 12.708.695 votos, correspondientes al 48,70 %, mientras Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo Abondano alcanzaban 12.959.515 sufragios, equivalentes al 49,66 % del total de votos válidos.
La diferencia registrada era de 250.820 votos a favor de Abelardo de la Espriella.
Ese resultado no era el que personalmente esperaba. No me produjo alegría y tampoco coincide con la opción política que consideraba más conveniente para Colombia. Sin embargo, la democracia no puede respetarse únicamente cuando favorece nuestras preferencias. Su verdadera fortaleza se demuestra cuando somos capaces de aceptar, con dignidad y sin violencia, una decisión distinta de la que deseábamos.
Corresponde ahora esperar
El preconteo ofrece una tendencia prácticamente consolidada, pero no constituye la declaración jurídica del presidente electo. Esa responsabilidad pertenece al escrutinio y, finalmente, al Consejo Nacional Electoral, organismo encargado de consolidar los resultados departamentales, resolver las reclamaciones y apelaciones, declarar oficialmente la elección y expedir las credenciales de presidente y vicepresidente para el periodo 2026-2030.
El escrutinio no tiene una duración predeterminada. Puede concluir en varios días o extenderse cuando se presentan reclamaciones sustentadas, solicitudes de recuento, inconsistencias, apelaciones o diferencias entre las comisiones escrutadoras.
Tampoco consiste, necesariamente, en volver a contar uno por uno todos los votos depositados en el país. Las autoridades examinan los formularios E-14 diligenciados por los jurados, contrastan los resultados consolidados, revisan posibles diferencias numéricas y resuelven las solicitudes presentadas por campañas, testigos y apoderados.
Cada reclamación debe estudiarse dentro de la ley. Una inconformidad general o un llamado político no reemplazan la obligación de presentar fundamentos, identificar las mesas cuestionadas y aportar elementos que justifiquen una revisión.
Por esa razón, la prudencia debe acompañar estas horas.
Quienes respaldaron la candidatura que encabeza el preconteo deben celebrar sin humillar, provocar ni convertir el triunfo electoral en una licencia para agredir al contradictor. Quienes acompañamos la opción que aparece en segundo lugar tenemos derecho a pedir transparencia, acompañar el escrutinio y formular las reclamaciones permitidas por la ley, pero también el deber de abstenernos de difundir acusaciones sin pruebas o de desconocer anticipadamente las instituciones.
Colombia no necesita vencedores arrogantes ni derrotados violentos. Necesita ciudadanos capaces de comprender que la democracia incluye la competencia, el desacuerdo, la vigilancia y la aceptación de las decisiones adoptadas conforme al orden jurídico.
La contienda electoral terminó en las urnas. Ahora comienza una etapa de verificación institucional que merece tiempo, paciencia y confianza vigilante.
Esperar el escrutinio no significa dudar de la democracia. Significa respetar sus procedimientos. Reconocer el preconteo no implica renunciar al derecho de examinar las actas. Solicitar revisiones legales tampoco autoriza a incendiar el país, amenazar a quienes piensan distinto o convertir las redes sociales en escenarios de odio.
El resultado definitivo llegará
Cuando el Consejo Nacional Electoral proclame al presidente y al vicepresidente, todos los sectores deberán recibir esa decisión con respeto. El nuevo gobierno, cualquiera sea la conclusión formal del escrutinio, tendrá la obligación de gobernar también para quienes no votaron por él, ofrecer garantías a la oposición y comprender que una diferencia estrecha exige diálogo, moderación y búsqueda de acuerdos.
Casi la mitad del país respaldó una alternativa distinta. Esa realidad no puede ser ignorada ni tratada como un obstáculo. Es una expresión política legítima que deberá tener voz, representación y garantías durante los próximos cuatro años.
La responsabilidad también recae sobre los dirigentes, candidatos, partidos, medios de comunicación y líderes sociales. Sus palabras pueden contribuir a la calma o alimentar la confrontación. Este es el momento de hablar con precisión, evitar rumores y rechazar cualquier convocatoria que pretenda convertir una diferencia electoral en violencia.
Ojalá la convivencia observada durante la jornada continúe hasta el cierre de los escrutinios y durante los días posteriores. Ojalá Colombia no se deje arrastrar por quienes obtienen réditos políticos, económicos o criminales de la incertidumbre y la desgracia.
El país ha soportado demasiado dolor para permitir que una elección vuelva a dividirlo mediante el odio.
Aceptaré la decisión oficial, aunque no corresponda a mi preferencia. Lo haré porque la democracia exige coherencia, porque la paz pública está por encima de cualquier candidatura y porque ninguna diferencia política justifica una agresión.
Mientras llega la proclamación definitiva, corresponde mantener la calma, confiar en los controles institucionales y acompañar el escrutinio con atención, respeto y paciencia.
La esperanza de Colombia no puede depender únicamente del nombre del vencedor. También depende de la manera en que todos, ganadores y vencidos, decidamos comportarnos después de las urnas.
Imagen ilustrativa generada por https://chatgpt.com/ a partir de descripción del equipo de Proclama del Pacífico.
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