El resultado de las elecciones. Un análisis a vuelo de pájaro.

Por: Guido Germán Hurtado Vera. Historiador y politólogo.
Para tener en cuenta: este artículo lo pensé toda la semana. Intenté hacer prospectiva, imaginar escenarios, adelantarme a los hechos. Pero solo le di vida después de las 5:00 p.m., cuando el país conoció el boletín 11 de la Registraduría. Se los envío con mi razón intacta. Con mi corazón adolorido por esta “polarización”. Este escrito es un análisis con los datos disponibles en la Registraduría. La diferencia entre los dos candidatos es de 0,93% y todavía se están contando votos. Por eso, las conclusiones pueden cambiar. Cuando terminen de contar todo y entreguen el resultado oficial, podré escribirles con más certeza. Por ahora, miremos lo que ya dicen los números.
1. Ganar por muy poco: ¿qué tanto poder da eso?
Miremos primero el resultado del país. Podían votar 41.421.973 colombianos. Votaron 26.305.353. Es decir, participó el 63,5%. Por lo tanto, la abstención fue del 36,5%, que son 15.116.620 personas.
Abelardo De La Espriella sacó 12.937.333 votos, el 49,17%. Iván Cepeda, por su parte, tuvo 12.691.709, el 48,24%. La diferencia es de 245.624 votos, apenas 0,93%. Además, hubo 426.236 votos en blanco, el 1,62%.
¿Qué quiere decir esto? Ganar con un margen tan estrecho, que en la práctica es un empate técnico, no da un poder total. Da un poder limitado. Así las cosas, con menos de un punto de ventaja, gobernar depende más de ponerse de acuerdo con otros que de mandar solo.
2. El país votó distinto según la región.
Ahora bien, en las regiones la cosa cambia mucho. Tomaré el caso del Cauca, el departamento donde vivo. Podían votar 1.075.975 personas. Votaron 787.241, el 73,1%. Allí Cepeda sacó 584.520 votos, el 74,24%. De La Espriella, en cambio, 176.886, el 22,47%. La diferencia es de 51,77 puntos. Eso es muchísimo.
Y tomaré también mi municipio: Santander de Quilichao. Podían votar 87.246. Votaron 63.535, el 72,8%. Cepeda ganó con 45.798 votos, el 72,08%. De La Espriella tuvo 15.831, el 24,91%. La diferencia aquí es de 47,17 puntos. El voto en blanco, por cierto, fue bajito: 1,47% en el Cauca y 1,37% en Quilichao.
Esto nos dice algo claro: aunque en todo el país la pelea fue cerrada, en el Cauca y en Santander de Quilichao (y en otros departamentos y municipio del país) ganó Cepeda por un margen amplio. Por eso, el próximo gobierno no puede llegar a esos sitios a imponer. Tiene que dialogar con los gobernadores, con los alcaldes y con la gente. Si no lo hace, el gobierno y la región van a chocar. Y cuando eso pasa, quien pierde es el ciudadano.
3. Mucha gente votó con rabia, no con razón.
Por otro lado, hay que decirlo sin rodeos: una parte de los votos de De La Espriella no fue por él. Fue contra el gobierno de Petro. La salud se volvió un enredo, la seguridad empeoró en varios lados y los escándalos de corrupción le quitaron fuerza al presidente saliente. Cuando la gente siente que las cosas van mal, castiga votando por el que está al frente. Eso es normal en política.
Ahora bien, ese voto es prestado. No es gente enamorada del nuevo presidente. Es gente brava con el anterior. Por lo tanto, si el nuevo gobierno no arregla rápido el problema estructural de la salud, la seguridad y no muestra que es diferente, esa gente se defrauda y le cobra ese voto. Y gobernar solo con los seguidores de siempre es muy difícil.
4. Con 0,93% no se cambia un país a las malas.
Para cerrar, con tan poca ventaja el nuevo presidente no tiene todo el poder en el Congreso. Las leyes grandes, como las de salud, pensiones o las relaciones bilaterales con otros países, se tienen que discutir allá. Además, los jueces también revisan que nada vaya contra los derechos de la gente. El cuento de ceder soberanía, anular al contradictor político o enterrar las reformas sociales no es tan fácil.
A eso hay que sumarle que Cepeda sacó 12.691.709 votos, el 48,24%. Es una oposición muy grande. Y hay 15,1 millones que ni siquiera votaron. Por eso, si el gobierno se va a pelear con todo el mundo, se queda solo. En cambio, si busca acuerdos, puede durar. La pelea suena duro, pero gobernar así, con el país tan dividido, es como manejar en una trocha: te estrellas.
PARA IR CERRANDO.
En resumen, con 245.624 votos de diferencia el país no dio permiso para romperlo todo. Dio permiso para administrarlo con cuidado. El voto en blanco fue solo de 1,62% y la gente que no votó fue de 36,5%. Eso quiere decir que la mayoría escogió entre dos, pero sin mucha ilusión.
Por eso, gobernar bien ahora depende de tres cosas:
Primero, entender que 68 de cada 100 ciudadanos no votaron por el ganador.
Segundo, hablar con las regiones donde perdió por casi 50 puntos.
Tercero, aceptar que mucha gente lo apoyó solo para castigar al gobierno anterior y quiere ver resultados ya. Esto no es un asunto de venganza. Es un asunto de gestión.
Repito: este análisis es con los datos de hoy. Con 0,93% no se puede decir que el país quiere un cambio total. Se puede decir que el país está partido en dos y que toca manejarlo con inteligencia, no con plomo.
Una nota final: Reitero que este es un análisis en caliente. Mañana, cuando los ánimos se calmen y terminen de contar todos los votos, escribiré un texto más pegado a los hechos. También haré un análisis más profundo y tranquilo, ya con: los discursos del candidato ganador y del perdedor y con el acta del CNE.



