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sábado 30 julio, 2011 a las 3:28 pm

El cumpleaños presidencial

Gloria Cepeda Vargas
http://www.correodelorinoco.gob.ve/

El jueves 28 de julio cumplió 57 años de vida el comandante-presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías. Desde el Balcón del Pueblo, en el Palacio de Miraflores, ante una multitudinaria concentración de camisetas rojas, bailarines de joropo, cantantes llaneros con el arpa al hombro, banderas venezolanas y los infaltables estandartes cubanos, el presidente vestido de civil y acompañado de algunos familiares, apagó las tiernas velitas de la gigantesca torta cumpleañera y entre las vibrantes estrofas de un corrido, entonado por él con la mano en la frente y los pasos de un joropo que seguramente le recordaba sus tardes de parrandero barinés, agradeció “al pueblo bueno, a la patria grande” tales demostraciones de fidelidad, prometió estar allí para celebrar en las mismas circunstancias sus 77 años de vida, diciendo por enésima vez que se retiraba porque le tocaba la segunda sesión de quimioterapia, no sin antes reiterar como si fuera un casete bien enchufado, las bondades de Fidel y de Raúl, la sapiencia de los médicos cubanos y la entereza que lo acompaña en este trance: “así es compadre, me levanto a las cinco de la mañana porque soy un soldado de la patria, un producto de sus morichales, un epígono de Bolívar”, para terminar invocando la protección de un variopinto santoral de su propiedad integrado por los espíritus de la Sabana, la india María Lionza, el manto de la virgen, el doctor José Gregorio Hernández y el libertador Simón Bolívar, quien, según los vientos que soplan en su ilustre cacumen, no murió de tuberculosis sino vilmente asesinado por Páez y Santander.

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Mientras este sainete -que no entiendo cómo un país medianamente civilizado se lo cala- era representado a pocas cuadras de la Plaza Bolívar, los médicos que clamaban en la avenida Urdaneta por condiciones dignas de trabajo, eran rociados con gas pimienta por la policía, los reclusos de la cárcel de San Felipe en Yaracuy tiraban la toalla y a la jueza María Afiuni, presa por cumplir con su deber y gravemente enferma de cáncer, el juez le negaba el permiso para practicarse una mamografía diciendo: “El médico no va a verla porque no me da la gana”.

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Esto a vuelo de pájaro en la historia de un país en declive manejado por un fenómeno telúrico como es el barinés. Ignorante, mal hablado, ególatra y monotemático, pulsa exitosamente ese talón de Aquiles tan sensible en una masa popular torpemente relegada por los gobiernos de turno. Es la voz del instinto más poderosa que las conclusiones de la razón. La oposición no existe. Si no se ponen las pilas, veremos a Chávez estrenando joropo en los balcones de Miraflores hasta que los espíritus de la Sabana le pasen la factura.

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