EDUCACIÓN PARA EL HOMBRE DE HOY
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Ahora que la Ministra de Educación nos dejó descansar de tanta re-forma y vuelve a hablar de lo mismo, es bueno pensar de nuevo en nuestro escaso currículo desde primaria hasta los posgrados, incluyendo los doctorados.
Nos llegó desde Japón hace unos días un sencillo pentálogo de lo que se propone enfatizar en sus programas de educación para ese pueblo milenario. La propuesta es tan corta que no llega a decálogo. El programa de 12 años, está basado en los conceptos: Cero patriotismo. Cero materias de relleno. Cero tareas.*1
Y solo tiene cinco materias, que son: 1. Aritmética de Negocios: Las operaciones básicas y uso de calculadoras de negocio. 2. Lectura: Empiezan leyendo una hoja diaria del libro que cada niño escoja y terminan leyendo un libro por semana. 3. Civismo: como el respeto total a las leyes, el valor civil, la ética, el respeto a las normas de convivencia, la tolerancia, el altruismo y el respeto a la ecología. 4. Computación: office, internet, redes sociales y negocios on-line. 5. 4 Idiomas, alfabetos, culturas y religiones: japonesa, americana, china y árabe, con visitas de intercambio a familias de cada país durante vacaciones.
¿”Por qué tenemos tantos agricultores tan pobres – nos pregunta Polan Lacki*2 – y por qué ellos mismos no logran superar su pobreza? Una respuesta que, debido a su extraordinaria importancia, no podemos seguir ignorando es la siguiente: Porque nadie les enseñó, concreta y objetivamente, qué y cómo deben hacer para generar más riquezas e ingresos familiares. Entonces, si la «problemática» de fondo es el no saber y el no saber hacer, la «solucionática» de fondo tiene que consistir en proporcionar a los pobres rurales el saber y el saber hacer para que puedan ser más eficientes y más productivos, aun cuando sus factores de producción sean aparentemente muy limitados.
“Partiendo de esta premisa, son los educadores rurales y sus respectivas instituciones quienes tienen que asumir este desafío de mejorar, de manera muy significativa, la calidad y la funcionalidad de nuestro debilitado sistema público de educación rural, el no formal y el formal en los tres niveles. Entre otras razones, porque los educadores rurales sencillamente no tienen a quién delegar esta noble tarea. Esto significa que si ellos no la asumen nadie lo hará y seguiremos siendo pobres y subdesarrollados rurales; por más tierra, maquinaria, riego, créditos, refinanciaciones y condonaciones de deudas y subsidios que los gobiernos proporcionen a los habitantes del campo.”
¿Cuál será la propuesta innovadora y salvadora que la ingenua y trabajadora Ministra Campo nos traerá ahora? ¿Reducirá y ajustará los currícula de las facultades de educación en Universidades para que se capaciten los maestros para el futuro de nuestro país globalizado? ¿Oirá propuestas osadas que cambien nuestros caducos moldes que no han producido sino fotocopias, corrupción y facilismo?
La solución a tanta mediocridad en el estudiantado no es que los profesores renuncien como lo hizo aquel en la Javeriana. Ni que fundaciones extranjeras esquilmen al estudiante colombiano con préstamos leoninos. Es que el profesor encante a los jóvenes en aulas inteligentes y laboratorios, contextualizándolos en las necesidades, problemáticas, tecnologías y mercados de hoy. Retándolos a que cambien los métodos, los alfabetos, los esquemas con herramientas al alcance de ellos. La vieja recitación de tablas y verbos, fórmulas e historias de héroes y santos ya no estimulan a nadie. Más vale llevarles al aula una película e invitarlos a una discusión a fondo y poner en su mano una tableta, una memoria e incitarlos a crear un prototipo o un robot que reemplace al profesor de antes.
02-03-12 – 5:02 p.m.
Leer más…




