CAMINEMOS HACIA LA PASCUA…RENOVANDO NUESTRA FE
Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas
Párroco Iglesia Stma. Trinidad – Santander de Quilichao, Cauca
“Les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Ellos, llenos de temor, se decían entre sí, maravillados: “¿Quién es éste que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?” Lucas 8, 24-25.
Cuaresma, como camino de Preparación a la PASCUA, es un tiempo que nos lleva a renovar nuestra fe, Monseñor Luis Augusto Castro cuenta lo que sucede acontece en las personas cuando hay falta de fe: El pánico era general. Todos los marineros subían y bajaban desesperadamente apresurados. La violenta tempestad era más fuerte de cuanto el barco pudiera soportar. Por eso, todos tenían miedo de perecer. Solo alguien estaba tranquilo. Era un niñito de unos diez años. Jugaba sereno, cantaba y hasta leía una revista de dibujos animados. Gracias a Dios, la tempestad se hizo menos violenta. Así los marineros empezaron a calmarse y todo poco a poco recobró la normalidad. Pero entonces, uno de ellos quiso regañar al muchachito. ¿Cómo es – le dijo – que mientras todos nosotros luchábamos desesperados para no perecer, tú estabas tan tranquilo, tan indiferente a todo, tan despreocupado? El niño contestó “estaba tranquilo porque el timón del barco estaba en manos de mi padre”.
Era el hijo del conductor del barco y tenía la confianza total en las habilidades de su Padre. Estando con él, aunque la tempestad fuese violenta, no había por qué tener miedo de perecer. Qué diferencia con otra escena similar cuando la tempestad violenta amenazó a la barca que los apóstoles se encontraban junto a Jesús. El Maestro dormía tranquilo. Ellos estaban desesperados. Entonces rápidamente lo despertaron diciendo: “Maestro, Maestro, que perecemos. Él, habiéndose despertado increpó al viento y al oleaje, que se calmaron y sobrevino la bonanza. Entonces, les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Ellos, llenos de temor, se decían entre sí, maravillados: “¿Quién es éste que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?” Lucas 8, 24-25. No te parece que a ti también te cae muy bien esa preguntica de Jesús: “¿Dónde está tu fe? ¿Crees que Jesús es tu Salvador? Y si crees, ¿Por qué te dejas llevar por el pánico, la angustia, el miedo, la depresión, por la violencia, por el desaliento, por el pecado? Muy sencillo: porque no crees todavía en el poder salvador de Jesús. Porque cuando tienes algún problema, primero recurres a tus consejeros, a todos tus amigos, a todos tus compinches, a todos tus vecinos, a todos tus parientes y solo después, cuando ves que la barca está para hundirse, es que te acuerdas de Jesús Salvador. Aprende de Pablo que decía: “Todo lo puedo en Aquél que me conforta” Filipenses 4, 13.
La Semana Santa es en esencia un anuncio de Jesucristo Muerto y resucitado, que nos debe llevar a la conversión, a la Salvación: “Esta es la Palabra de la fe que proclamamos: si confiesas con tu boca que Jesús es Señor, y si crees en tu corazón que Dios lo resucitó, tendrás salvación. Porque todo el que invoque el nombre del Señor encontrará salvación” Romanos 10, 8-9.13. El ayuno, la limosna a los pobres, los sacrificios, la participación en el Viacrucis o en las procesiones, y de manera especialísima, las celebraciones Litúrgicas de los templos, nos han de llevar a reconocer que Jesús está vivo y que confesarlo como Señor es la clave de una vida cristiana auténtica y consistente. Es hora de escuchar el llamado de Jesucristo: “El tiempo se ha cumplido. El Reino de Dios se ha acercado: arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva” Marcos 1, 15. “Proclamen la Buena Nueva… el que crea y sea bautizado tendrá salvación” Marcos 16, 15-16. La respuesta al anuncio de la Buena Nueva es la conversión y la fe, arrepentirse y creer, cambiar de dirección y aceptar la oferta de salvación en y por Jesús. Fe es unión a la persona de Jesús y a su oferta de salvación, respuesta positiva al anuncio de salvación de tal forma que nos lleve a un encuentro con el Señor resucitado, es decir, un encuentro que cambie totalmente el sentido y el curso de nuestra vida. Es necesaria una fe viva como encuentro personal con Jesús; que lo aceptemos, lo confesemos y lo recibamos en nuestro corazón y en nuestra vida como nuestro Salvador. La Iglesia, a través del Papa nos ha hecho un llamado: “A veces nuestra sintonía de fe es débil y yo les propongo esto para reavivar su fe: un encuentro personal, vivo, de ojos abiertos y corazón palpitante con el Señor Resucitado”. Que el fruto de nuestra participación en la Cuaresma y Semana Santa sea una invitación explícita a Jesús, para que entre a nuestro corazón y a nuestra vida. Es decir, una opción lúcida por Cristo, una aceptación y adhesión personal a Jesús como Salvador.
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