EDIPO REY (1967)


Decir Edipo es nombrar sino, destino, tragedia; decir Pasolini es nombrar genialidad. Y ello se hace patente en la película basada en la tragedia de Sófocles, en donde el intenso drama se traslada a través del tiempo sin posibilidad de redención. Por eso, la película comienza su pathos en pleno siglo XX, y luego muestra su génesis en la antigua tragedia griega. «Implacable, el destino hace su voluntad». Aunque se huya, se va hacia su encuentro; aunque se tema, sucederá; el abismo está, siempre estará pendiente, esperando dentro y fuera, como un desierto, una montaña, un sol ineludible o el viento de una flauta tañida por unos dedos ciegos. Su música es el hado, la vertiente por donde la vida oye su miseria.
Pier Paolo Pasolini dirige su película (1967) con poder magistral; todo escenario, todo diálogo, todo personaje, son signo para entender y buscar entre líneas. El oráculo acusa, el adivino confirma. El miedo a sí mismo es el poder que guía, y al final, «la vida acaba en el sitio donde empieza».
Con Silvana Mangano en el papel de Giocasta y Franco Citti en el de Edipo, el pregón griego se va afirmando poco a poco como los dioses ordenan. Y entonces podríamos preguntar, como Nietzsche: «¿Por qué los griegos, el pueblo más bello e inteligente, inventó la tragedia Sin embargo, la película de Pasolini no pregunta; sólo confirma el pathos total y absoluto. El tiempo tampoco pregunta; es el siervo fiel del destino.



