Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan.
Por: Luís A. Barrera M.
2010 es un año de gran presencia de la historia en toda América Latina. Hace 200 años, en 1810, estallaban en diversos puntos de los dominios españoles las revoluciones criollas. Por ello Colombia, México, Argentina, Chile y Venezuela conmemoran este año su bicentenario. Y el de Colombia es sin dudas uno de los más interesantes procesos históricos a estudiar.
Qué felicidad y emoción se siente al celebrar el cumpleaños propio o de algún ser querido, también emociona celebrar el aniversario de algún evento importante para nosotros o nuestra comunidad, fechas importantes las hay desde natalicios de celebridades hasta sucesos deportivos importantes, y ¿por qué no? hasta hay quien celebra el cumpleaños de una mascota o la fecha en compró su carro, moto o su casa.
Pues bien, este año celebramos ni más ni menos que el cumpleaños número 200 de nuestra querida y amada Colombia como “País libre y soberano” por lo cual, claro está, ya hemos preparado un sin fin de eventos y festejos de todo tipo (culturales, deportivos, sociales, etc. etc.) con homenajes y reconocimientos muy bien organizados y merecidos y con una campaña mediática que en algunas ciudades prometen echar la casa por la ventana.
Como todos sabemos el levantamiento Independentista pretendía la obtención de Soberanía Nacional y de una Patria propia que diera protección e identidad a los Colombinos, dichos ideales eran tan sublimes y justos que bien valían la pena dar la vida por ellos y así lo vieron personajes como Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Juan José Rondón, Antonio Ricaurte, Manuelita Sáez, etc. etc. y no vacilaron en pelear por conseguirlo.
Hoy, 200 años después, veo que utilizamos esa libertad que nos heredaron nuestros héroes para expresar nuestras ideas en críticas sin sentido y sin seriedad, veo que nuestra economía literalmente depende de los caprichos de economías extranjeras, veo que nuestra identidad se limita a tratar de parecer gringos a como dé lugar y a costa de lo que sea, aun cuando lograrlo nos exija poner nombres “transculturalizados” a nuestro hijos, vestir de marcas extranjeras cueste lo que cueste (prefiriendo una prenda Tommy pirata que una nacional original) y atestando nuestra habla cotidiana de expresiones que nos hagan parecer lo menos Colombianos posible.
Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan. Hay quienes afirman que salimos del yugo español para entregarnos al imperio norteamericano de los Estados Unidos, país del que dependemos altamente en materia comercial, militar, social y políticamente por ser un aliado natural en la lucha contra el narcotráfico y los violentos que tantos males le han traído al país.
El hombre es el que hace la historia. El gran personaje del Bicentenario es el libertador Simón Bolívar. Por ello no olvidemos que la libertad, la virtud y la educación cívica para Bolívar, eran valores supremos que negaban el despotismo y el absolutismo. Por tanto, la verdadera libertad era un logro de los ilustrados y civilizados ciudadanos en la sociedad.
La concepción bolivariana de «igualdad» partía del reconocimiento de las desigualdades naturales en las sociedades humanas. De allí iba a sostener que el mejor camino para enfrentar tales desigualdades, era el establecimiento de la igualdad legal y política; especialmente mediante la abolición de la esclavitud y ofreciendo educación pública y amplias oportunidades para el avance de los ciudadanos.
Esto explica el énfasis de Bolívar en la importancia de la educación, la cultura, la religión y los valores éticos como los medios para asegurar la autonomía de un pueblo y la libertad.
Relacionado con la concepción bolivariana de igualdad, estaba también la idea de raza y principalmente su punto de vista sobre los negros, como parte de una república.
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