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Martes, 6 de octubre de 2026

Diálogos de paz: elitistas y excluyentes

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German Pabón
German Pabón Gómez Popayán, noviembre de 2014 El Portal de Shamballa

De nuevo en indistintos escenarios de la vida nacional se vocean las proclamas desgastadas, convertidas en lugares comunes: ¡Necesitamos de las FARC pruebas concretas y gestos de Paz!, clamores, los cuales hemos escuchado en las últimas décadas.

No obstante, ocurrió para unos pocos “la retención indebida”, para algunos “la entrega voluntaria”, “el auto secuestro programado”, y para la mayoría de los colombianos, el secuestro agravado por parte de las FARC, de Rubén Darío Alzate Mora, un General de la República” y, como no se trató de actos delincuenciales contra indígenas, policías o soldados, la respuesta mediática fue la suspensión de los diálogos en La Habana, hasta tanto las FARC liberaran al General y sus dos acompañantes.

De lo que se trata, en adelante es: replantear el esquema de dialogar en medio del conflicto y re-inventar los alcances de esos diálogos entre equipos de negociadores, quienes no poseen mandatos tácitos ni expresos de nadie, toda vez que ningún sector de la sociedad civil colombiana se siente representado en ellos, toda vez que sólo discuten y deciden en la mesa sobre aspectos que eligieron a sus antojos, y otros tópicos los abordan dependiendo del día a día, de los actos terroristas y dificultades que se vayan presentando.

Si a esos diálogos de paz se les pretende otorgar legitimidad, de lo que se trata es plantear al interior de los mismos la inter-actuación de la sociedad civil, partidos políticos y movimientos sociales, en el objetivo de lograr con su concurso un desarrollo donde no hayan espacios para la incertidumbre, para el teatro de simulaciones, ni para la toma de decisiones excluyentes, elitistas y selectivas.

Es un clamor la urgencia y necesidad en sentido que los diálogos de paz continúen, avancen, no se suspendan ni fracturen por indistintas que sean las dificultades.

Pero, entre dialogar con la sociedad civil, con el poder ciudadano, en el contexto de las nuevas exigencias sociales, culturales, económicas y democráticas con miras al referendo y fases del posconflicto, y entre adelantarlos con equipos de negociadores que sólo se representan a sí mismos, existen diferencias de método, de fondo y alcances.

El proceso de construir paz no puede continuar descubriendo el armario de unos diálogos elitistas, selectivos, excluyentes, tal cual como se desnudaron de manera pública con evidencias incontrastables.

En efecto, una, entre varias lecturas de lo sucedido con la suspensión de los diálogos a causa de la “retención indebida”, “entrega voluntaria”, “auto-secuestro programado”, secuestro agravado, o como se quiera denominar lo ocurrido con un General de la República y sus dos acompañantes en territorio chocoano, es el mensaje en absoluto desalentador hacia la sociedad civil, soldados, policías, indígenas y víctimas de estratos 1, 2 y 3, en sentido que el gobierno nacional, tan sólo adopta, de manera mediática y selectiva, decisiones encaminadas a la protección de la vida, integridad personal y rescate de secuestrados, cuando se trata de atentados terroristas contra personajes importantes.

Aquella reacción mediática no fue sorpresiva, toda vez que el Presidente Juan Manuel Santos, allá en Madrid, en una gira por Europa, con antelación anunció ante medios de comunicación internacionales, su preocupación de una eventual ruptura de los diálogos, en la medida que las FARC atentaran contra un personaje de la vida nacional, frases en un todo desafortunadas, mediante las cuales, sin que haya espacio para la distorsión ni tergiversación, se puso de presente que, en tratándose de víctimas, éstas pasan por la arbitraria clasificación de víctimas de primero, segundo y tercer grado de importancia.

Los diálogos de paz, como principio, para que avancen sin exclusiones ni selectivismos, comportan la presencia de partidos políticos y movimientos de la sociedad civil inter-actuantes en la toma decisiones que legitimen los preacuerdos con miras al referendo y fases del posconflicto.

La otra contravía es que continúen entre sordos, valga decir, entre las mismas élites de «voceros de nadie», como si fueran convencionales los ejercicios auto-referentes de los equipos de negociadores, quienes sin representar a nadie, sin mandatos tácitos ni expresos de ningún sector de la sociedad civil, agendan sus diálogos, bitácoras, preacuerdos y auto-decisiones, las cuales hasta el momento no se advierte, estén encaminadas a lograr alcances de beneficios colectivos.

Se hace urgente anular la práctica de dialogar de manera exclusiva y excluyente entre «cúpulas de potentados de lado y lado”, quienes sólo se representan a sí mismos, como si fueran los intérpretes de sectores sociales inmersos en conflictos horizontales, verticales, transversales, regionales y sub-regionales, cuando, por el contrario, insístase, esos negociadores multimillonarios de las FARC y los negociadores del Gobierno, no poseen la representación de nadie, toda vez que se designan y reemplazan en ejercicio de la dedocracia, entre ellos mismos.

Re-inventar los diálogos de paz para liberarlos de las decisiones excluyentes, selectivas encaminadas al proyecto de un Nuevo Frente Nacional con nuevas élites, del esquema de dialogar en medio del conflicto y miradas de agáchese (porque se trata de acontecimientos previsibles y «normales») frente a actos de violencia contra la sociedad civil de estratos 1, 2 y 3, pero eso sí, suspensión y eventuales anuncios de ruptura cuando se trata de ataques contra un personaje de la vida nacional, para ponerlos en el lugar de la legitimidad que esos diálogos reclaman, es una necesidad metodológica.

Avanzar los diálogos de paz con miras al referendo y fases del posconflicto, para poner el proceso de paz al servicio público, pero no al servicio auto-referente ni auto-decisionista de los equipos de negociadores de La Habana, ni para beneficiar de manera exclusiva a los jefes multimillonarios que integran la cúpula del Secretariado de las FARC, toda vez que hasta el momento no se han escuchado diálogos con miras a la reinserción social de los guerrilleros rasos, ni a garantizar el cumplimiento efectivo de los preacuerdos, sino para situar esos diálogos sin trabas ni sospechas ante la mirada pública que elimine el predominio decisionista de los negociadores, es urgente y necesario.

La re-invención y búsqueda de una nueva versión del ejercicio de los diálogos de paz, debe poseer la capacidad de convocar a la sociedad civil, sin distingos de militancia política, religiosa o social.

La re-invención de los diálogos de paz es urgente y necesaria, y a ello apunta nuestra convocatoria, porque con el concurso de todos es posible lograr la construcción de un Nuevo Contrato Social.

Ese nuevo contrato social en las distintas fases del posconflicto con miras a garantizar el cumplimiento de los preacuerdos que se lleguen a aprobar en el referendo, urge firmarlo a través de proyectos de ley, ejecutorias nacionales, departamentales y locales, con los protagonistas de la democracia: los empresarios, campesinos, indígenas, negritudes, artesanos, deportistas, iglesias, clase media, sectores más abandonados, desmovilizados rasos de la insurgencia, sindicatos de trabajadores, estudiantes, comerciantes, industriales y sectores productivos, integrando la administración en el quehacer exigente y público de las veedurías ciudadanas.

Además, con las universidades públicas y privadas, el SENA; institutos universitarios, asociaciones de tecnólogos, profesionales, organizaciones no gubernamentales, incluidos los sectores sociales en conflictos horizontales, verticales, transversales, regionales y subregionales, con miras a la fases de los pos-acuerdos que se avecinan.

Nuestra Colombia, sus entidades territoriales y administrativas deben prepararse con voluntades sociales y políticas para asumir el proceso de paz. Nos entusiasman las visiones prospectivas, porque entre todos los colombianos, sociedad civil, sectores políticos, académicos y movimientos sociales, de manera dialogada y consensuada con visión y misión de equilibrios y garantías reales:

¡Le podemos a jugar limpio a Colombia y podemos construir y legitimar las nuevas expresiones de democracia.

Señor Presidente Juan Manuel Santos:

Los diálogos de paz no pueden ser excluyentes, selectivos y elitistas.

El proceso de paz no puede convertirse en el proyecto de un Nuevo Frente Nacional con nuevas élites, incluidos los jefes multimillonarios que integran la cúpula del Secretariado de las FARC.

Entendemos su anuncio de suspensión de diálogos y su preocupación respecto de los actos de terrorismo por parte de las FARC contra personajes importantes de la vida nacional, y hacia ellos, los personajes quienes Usted considera importantes y a sus familias hacemos extensiva nuestra solidaridad.

Pero con voluntad de paz, convocamos para que su preocupación y deberes de decisiones en punto de la protección a la vida e integridad personal de los colombianos, de igual se manifieste cuando se trata de actos de terrorismo de las FARC contra víctimas de estratos 1, 2 y 3.

Señor Presidente, los indígenas, soldados y policías de nuestra Patria, se lo expreso de manera no afrentosa, sino democrática, de igual, deben poseer y merecer importancia en su catálogo de prioridades, como personajes importantes de la vida nacional.

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