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miércoles 31 agosto, 2016 a las 10:57 am

CUÁNTO DUELE ENVEJECER

viejo
Nestor Raul Charrupi Jimenez - blog
Néstor Raúl Charrupí Jiménez

No me sentí capaz de escribir este artículo hasta que deambulando por una de las calles de la ciudad de Bogotá, con un amigo, vi una señora con un rostro que me significaba algún presentimiento y, le pregunté al contertulio por esa señora que pasaba a mi lado, “¿el rostro de esa señora me parece conocido?”, “¡claro!, me respondió mi contertulio bogotano, es la actriz María Eugenia Dávila”. No admití de inmediato su conclusión; aunque la señora, entrada en años, era singularmente bella para su edad; pero constituía un corto circuito con mis juveniles recuerdos.

“¡No lo puedo creer! Porque en mi colegio, el Santa librada de Cali en los años 70, subliminalmente la deseábamos y la añorábamos”, le dije. “Bueno, han pasado más de cuarenta años y la belleza de la mujer cobra esta veleidad por ventanilla”, me advirtió.

“Sí, pero mírame a mí, que me veo joven aún, a pesar del paso de los mismos años”; “eso crees tú…” concluyó.

“No importa”, le manifesté con desagrado, y saqué a relucir una frase cliché: “la mujer es bella por naturaleza y así habrá de permanecer si quiere tener al hombre a su lado”, y continué “aunque sea repotenciándose con cirugías, ahora que hay tanta y barata silicona, lo importante, concluí como un erudito, es que mantenga siempre en el hombre el deseo sexual”.

El pensamiento para hombres y mujeres es igual, solo que a las mujeres se les exige un plus, y es que permanezcan bellas y jóvenes más allá de lo que naturalmente pueden estarlo. Aunque aceptamos que el pensamiento no envejece, como el de Karl Marx en El Capital y los discursos de Gaitán sobre la realidad colombiana y tantos pensadores masculinos más, a los cuales solo se les ausculta su pensamiento, independientemente de cómo se veían sus figuras corporales.

Pero mi contertulio, como ave de mal agüero, estaba decidido a hacerme aterrizar, recordándome que las figuras corporales corresponden a una edad determinada, lo cual no se puede presagiar del pensamiento; y recordándome que mi tesis se derrumbaba viendo la historia de quien fue el máximo jefe del pensamiento de la Revolución Cubana, Fidel Castro, quien, entre otras, pronunciaba en la Plaza de la Revolución de La Habana discursos juveniles de cuatro horas, desafiando al imperialismo yanqui; mientras que ahora, cuarenta años después, solo puede vivir del prestigio de lo construido anteriormente, y caminar apoyado por un carrito tutor.

Los íconos masculinos o femeninos que no envejecen son los que no llegaron a la vejez, como el Che Guevara, La Pola, o Benkos Biojó. Aunque lo anterior es verdad, no lo aceptábamos en aquel entonces del colegio de los años 70, pues nos aferramos a la quimera que los líderes nunca envejecerían, y si llegaban a envejecer, no nos importaba. Pero en las mujeres era incomprensible pensarlas viejas, y solo aceptábamos como tal, a nuestras queridas madres.

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Fotografía tomada de: https://musamolona.com/tag/viejo/ Serie 900 cm2 nº 5: El viejo marinero / Series 900 cm2 nº 5: The old sailor

Sin embargo, todos envejecemos, y aunque parezca ridículo y tautológico, no es mejor ni peor ser viejos que jóvenes, como tampoco no es mejor o peor, ser jóvenes que niños; es una inexorable condición de la vida para perpetuar la especie: nacer, crecer, reproducirse y morir. No es posible entender el uno sin el otro, aunque nuestra tradición nos enseñe y nos venda como ciertas, quimeras de juventudes que terminan desvalorizando fundamentalmente a la mujer como persona, presionándolas para que adquieran lo imposible, una juventud ya pasada.

¡Es bueno ser viejo!… Después les cuento por qué.

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