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Sábado, 3 de octubre de 2026

EL OFICIO DE SER PADRE

El oficio de ser padre
Bulevar de los días
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano
El oficio de ser padre
http://imeraby.blogspot.com.co/2013/04/que-dice-la-ley-del-cuidado-de-los-hijos.html

Se revuelve desde hace días en mi mente una sensación de culpa o de inseguridad acerca del papel de papá que me tocó. Traer a la vida a seis hijos no es como comprar pan o producir un texto. Y me he sumergido como en una nube de interrogantes y miradas al retrovisor que tengo en mi interior.

Los veo hoy independientes, me reúno con ellos cada semana, los miro en su trabajo, en sus hogares, con sus hijos y sus parejas… y vuelvo a mirarlos como en las fotos de niños con su carita inocente y confiada, su ropa de diario y sus gripes caseras. Y me he lanzado varias veces la pregunta: ¿Fui un buen padre? ¿Lo que hice y dejé de hacer era lo que requerían para su porvenir? Y me he puesto en el lugar de mis padres y me comparé con ellos. Tal vez con la esperanza de no reprocharme por haberme quedado corto en esa tarea.

Ya quisiera devolverme y dedicarles más tiempo, mimarlos más, jugar con ellos… Y resulto comparando mi rol con lo que recuerdo de mis padres. ¿Soy lo que soy, recorrí una serie de etapas feliz y de acuerdo con lo que necesitaba para sentirme realizado? O más bien, ¿fallaron ellos conmigo y fallé yo en ponerlos en la grilla a tiempo y de acuerdo con sus cualidades y necesidades para su futuro?

¿Tenía yo la madurez para traer cada hijo al mundo? ¿Hubo dedicación, cuidado de su salud física y mental, para auscultar sus cualidades y alcances intelectuales y les proporcioné el acceso a la educación que los proveyera de solvencia en el trabajo y en sus relaciones sociales? Qué preguntas tan comprometedoras y duras de responder.

A veces uno se compara con los vecinos y ve a sus hijos o mira los periódicos y revistas con sus secciones sociales y observa cómo es la élite, el jetset, los afanes de la mayoría de los jóvenes de hoy y su lenguaje… y trato de tranquilizarme.

Tales son los hijos como son los padres, tal vez, es la conclusión a esta hora del balance. Nunca oí una palabra soez de boca de mis dos progenitores. Trabajaron como maestros de escuela y me facilitaron la educación y los sentimientos que hoy tengo. No estuve en colegios costosos ni tuve regalos ni vestidos de marca ni aprendí a manejar ni tuve auto. Y también hice lo mismo que mis padres. Fueron mi gran ejemplo. No me avergüenzo de ellos ni ya de mi. Lo que ven los demás eso soy.

Mientras escribo va bajando mi susto de analizarme. Miro a cada hijo y no les falta lo necesario. Tienen trabajo unos, son independientes, tienen sus familias, no pasan hambre ni tienen lujos. Se ríen, salen a comer, a pasear, tienen sus amigos, han conseguido por si mismos lo necesario, se respetan, no son vulgares en su hablar… ¿Qué más puedo esperar?

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