Cuando las ciudades pierden la seguridad


La semana que pasó, el turno fue para Santander de Quilichao, cuya relativa calma en seguridad ciudadana y orden público volvió a ser sacudida por una serie de hechos violentos con actos sicariales que tiene a sus habitantes y autoridades preguntándose: ¿Qué pudo haber sucedido con esta cadena de crímenes y atentados? y ¿Qué hacer ante el natural miedo, zozobra y preocupación que ellos generan?
El ambiente de inseguridad en esta población nortecaucana manifiesta muchos, si no todos, los atributos de la crisis de seguridad que adolecen los municipios y ciudades del Cauca, en donde prácticamente en todas partes “se cuecen habas”, la criminalidad y el avance de la delincuencia pareciera inatajable, casi siempre vinculados los hechos, a las retaliaciones entre bandas asociadas al microtráfico, la minería ilegal, la piratería terrestre, ajuste de cuentas, enfrentamientos entre pandillas y claro, el desespero de hampones y delincuentes comunes que se llevan por delante sin contemplación alguna a quien escogen como víctimas inocentes para cometer toda clase de fechorías y hacerse a unos pesos en el modus vivendi del facilismo.
Que Colombia sea el país más conflictivo de Latinoamérica se debe a la inseguridad ciudadana. Y en eso póngale la firma, la delincuencia en casi todas las ciudades está aterradora y tiene en jaque a mucho gobernante. Cuando una ciudad con crecimiento y desarrollo admirable como Santander de Quilichao está perdiendo el gran activo de ser una población agradable, amable y comparativamente, de ser un escenario de un buen vivir de sus gentes, es para preocuparse, no faltaba menos y el problema radica más bien lo que se genera cuando las ciudades progresistas y pujantes pierden la seguridad.
Entre las causas, que se esté registrando un alto índice de Inseguridad Ciudadana en un pueblo tan promisorio como Santander de Quilichao muy seguramente puede ser que esté pasando por una marcada debilidad del Estado o del Gobierno local, más concretamente, para implementar estrategias contundentes de choque y sin contemplaciones de Seguridad Ciudadana.
Lo anterior podría sumarse a una limitada capacidad de organización multisectorial, una insuficiente información para la toma de decisiones y que la justicia obre con lentitud y no rigurosa en la aplicación de las leyes o que la Policía simple y llanamente sea ineficaz en la prevención y control de delitos.
A esto debe agregarse también como está pasando en muchas poblaciones con el complaciente ordenamiento jurídico inadecuado que privilegia los menores de edad y un sistema penitenciario precario, junto a una limitada y a veces “alcahueta” participación de la población en acciones de Seguridad Ciudadana.
Cuando las comunidades formadas en buenos principios históricos, culturales y geográficos que son referentes en políticas de ciudad y con connotada clase dirigencial, pierden su seguridad ciudadana es porque también quizá existe una limitada capacidad de organización y convocatoria de sus gobernantes o hay una escasa confianza en las instituciones y autoridades.
El hecho que una ciudad como Santander de Quilichao esté perdiendo su seguridad ciudadana es preocupante y todos deseamos que para bien, se siembren ambientes de convivencia, tranquilidad y paz; por ello, hay que ayudar a que se supere la poca Cultura de Seguridad Ciudadana que exista, el limitado enfoque comunitario de las autoridades, blindar la vulnerabilidad de la población inerme y atónita ante los casos de violencia que toca la puerta de sus hogares, porque eso sí, ante el deterioro de los valores, la elevada percepción de inseguridad, la alta tasa de desempleo y el bajo nivel de instrucción, no hay “tutía” que valga, pues el compromiso debe ser de todos los habitantes.
Hay que reconocer que se puede pretender tapar el sol con un dedo respecto a la realidad que se está viviendo en la segunda ciudad del Cauca, pero se debe tratar de idealizar la seguridad y no la inseguridad. Hoy hay temores y la sensación que sus habitantes abrirán sus puertas y quedarán “chulos” o morirán en cualquier calle asaltados o por una bala perdida en un espontáneo tiroteo, cuando esa no es la situación general de esta Santander de Quilichao, que trabaja y es pujante.
Finalmente, sus autoridades con la colaboración cívica y solidaria de sus gentes de bien, propios y extraños, deben agotar todos los esfuerzos posibles para que evitar que la inseguridad ciudadana se convierta en un eterno problema que está afectando la buena imagen de la tierra de “oro y los samanes”.




