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Domingo, 18 de octubre de 2026

Cuando la Justicia se vuelve arma y la amenaza es constante

Silenciar al Periodismo Cuando la Justicia se vuelve arma y la amenaza es constante (Por Alfonso Luna Geller – Director...

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La FLIP y la crisis de la libertad de expresión

Silenciar al Periodismo
Cuando la Justicia se vuelve arma y la amenaza es constante

(Por Alfonso Luna Geller – Director Red de medios Proclama del Pacífico) En el suroccidente colombiano, quienes hacemos periodismo no solo enfrentamos la precariedad laboral y el abandono institucional. A estas realidades se suma una ofensiva cada vez más sofisticada y brutal: el acoso judicial, las amenazas directas, el robo de información estratégica y la estigmatización pública. No hablamos solo de riesgo físico; hablamos de herramientas perversas usadas por quienes, desde el poder o la sombra, buscan silenciar la verdad y coartar la libertad de prensa.

El más reciente capítulo de este asedio se vivió el miércoles 9 de julio de 2025, a las 9:35 a.m., cuando fui sorprendido con una videollamada grupal. Provenía de un celular particular. Al unirme, en pantalla aparecieron una mujer que se presentó como fiscal y el exsenador José Darío Salazar Cruz. Sin previa notificación oficial, sin las garantías procesales mínimas ni la claridad jurídica esperada, se me intentó someter a una audiencia de conciliación por supuesta calumnia. Todo esto, por un editorial de 2020, “Popayán no es racista, pero…” (leer aquí), publicado hace 4 años, 7 meses y 12 días. Un texto en el que expuse hechos de indudable interés público, ampliamente documentados por otros medios: el historial del exsenador, su cercanía con figuras de poder, y una mención a los bienes del narcotráfico entregados a un familiar suyo por la Dirección Nacional de Estupefacientes. La justicia, en este caso, se activó con una celeridad inusitada para un incidente de hace más de cuatro años.

Pero este no es un episodio aislado; es un patrón. El año pasado, la exalcaldesa de Corinto, Martha Cecilia Velasco Guzmán, me hizo citar a conciliación ante la Fiscalía Local por otra supuesta calumnia. ¿El motivo? Haber denunciado un detrimento de recursos públicos en el editorial “A los corinteños les robaron $795 millones y nada pasó” (leer aquí). La denuncia fue por injuria y calumnia contra quienes expusieron la corrupción, no contra los responsables del desfalco de más de 975 millones de pesos en un municipio tan vulnerable.

La espiral de acoso continúa. El sábado 21 de junio de 2025, denunciamos en el editorial “Extorsión uniformada en la Troncal de Occidente” (leer aquí). Apenas unos días después, el 4 de julio, fui citado a la Oficina de Control Interno del Municipio de Puerto Tejada a declarar por la denuncia contra agentes de tránsito corruptos.

Y en el intermedio de estos hechos, el sábado 28 de junio de 2025, el gerente de Proclama del Pacífico, David Luna, quien curiosamente fue el denunciado inicialmente por el exsenador Salazar Cruz hace más de cuatro años por ser el representante legal de la empresa, sufrió un ataque directo. En Cali, fue interceptado y amenazado por un sujeto armado en motocicleta de alto cilindraje. «Este individuo, esgrimiendo un arma de fuego, me amenazó de muerte, expresando que ‘estábamos hablando más de la cuenta’, y me despojó violentamente de mis pertenencias, entre ellas, un celular que contenía información confidencial de investigaciones periodísticas y denuncias ciudadanas en curso. La gravedad del hecho se acentúa por su conexión directa con mi actividad como periodista, ya que el agresor focalizó su ataque en el dispositivo móvil. La información robada es altamente sensible, e incluye investigaciones periodísticas en desarrollo, testimonios protegidos y material audiovisual pendiente de publicación», sostuvo David Luna en su denuncia ante la Fiscalía.

Fue amenazado por «hablar más de la cuenta». Y mientras las gestiones del exsenador Salazar Cruz parecen gozar de una acuciosidad inaudita por parte del ente acusador, los casos de amenazas, extorsiones y ataques contra nuestros periodistas, que también conoce la Fiscalía, languidecen sin resultados evidentes.

La persecución no cesa. Mientras escribía estas líneas, sentí ruidos extraños en las afueras de nuestras oficinas. Al asomarme por la ventana del segundo piso de la edificación Proclama del Pacífico, observé a un agente de tránsito que me esperaba para tomarme fotografías sin mi consentimiento. Una actitud que, en nuestro contexto de vulnerabilidad y constante denuncia de corrupción en organismos de tránsito como los de Santander de Quilichao, Puerto Tejada y Candelaria, genera fundadas sospechas y profundos temores sobre el propósito y el destino de esas imágenes.

Mientras seguimos esperando respuestas institucionales que garanticen nuestra seguridad y el libre ejercicio del periodismo, una nueva modalidad de persecución se afianza: el uso del aparato estatal como herramienta de censura. Fiscales, oficinas de control interno, audiencias de conciliación disfrazadas de justicia. Y cuando ese aparato no basta, surgen las amenazas, los hurtos y la estigmatización, como la que sufrimos desde la Alcaldía de Padilla, Cauca, con videos oficiales en redes sociales que mancillan el nombre de Proclama del Pacífico.

Cada denuncia, cada citación, cada amenaza, cada robo, cada video estigmatizante, es parte de una estrategia sistemática para silenciar al periodismo incómodo.

La libertad de prensa no se defiende solo con comunicados o con premios internacionales. Se defiende también en los estrados judiciales, exigiendo que el sistema no se preste para venganzas personales ni para lavarle la cara a la censura.

Hacemos un llamado vehemente al Gobierno Nacional, a la Fiscalía General de la Nación, a la Procuraduría, a la FLIP, a FECOLPER y a la ciudadanía en general. Porque cuando un periodista es perseguido por informar, el derecho que se está vulnerando no es solo el suyo, sino el derecho fundamental de toda la sociedad a saber lo que otros quieren ocultar.

Hoy, desde este medio independiente que nació para darle voz al suroccidente, decimos con total claridad: no aceptamos conciliar la verdad. No venimos a pedir perdón por cumplir con el deber periodístico. Y no vamos a ceder ante quienes, desde el poder o desde la ilegalidad, quieren hacernos retroceder.

La libertad de prensa no se negocia. La corrupción se denuncia. Y el silencio no es una opción.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:

Alfonso J Luna Geller
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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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